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Clima Familiar y Desempeño Escolar
Family Climate and School Performance
Andrea Lucía Banegas Mejía
andrealbanegas@gmail.com
https://orcid.org/0009-0006-2666-8705
Universidad Tecnológica de Honduras
Honduras
Artículo recibido: 18/07/2024
Aceptado para publicación: 20/08/2024
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
El presente artículo de revisión tiene como objetivo analizar de manera sistemática
la evidencia científica sobre la relación entre el clima familiar y el desempeño escolar,
identificando las dimensiones del entorno familiar que inciden en el rendimiento
académico, la adaptación escolar y el bienestar socioemocional de los estudiantes. La
revisión se desarrolló siguiendo la metodología PRISMA 2020, mediante la búsqueda,
selección y análisis de artículos publicados en bases de datos internacionales entre 2000
y 2024. Se incluyeron investigaciones que abordaron familias de diversa composición,
niveles socioeconómicos y contextos socioculturales, considerando tanto cuantitativos
como cualitativos. Indican que un clima familiar positivo, caracterizado por cohesión,
afecto, comunicación abierta y estructuras claras, se asocia significativamente con un
mayor rendimiento académico, motivación, autorregulación y adaptación escolar. Se
identifican factores mediadores como la autoestima académica, la regulación emocional
y la participación parental, así como la influencia moduladora del contexto
socioeconómico y cultural. Se evidencian vacíos de investigación relacionados con
poblaciones diversas, longitudinales y análisis de transformaciones socioculturales
recientes. Estos hallazgos subrayan la importancia de fortalecer el clima familiar como
estrategia de intervención educativa y social, contribuyendo al bienestar integral de los
estudiantes y a la equidad educativa.
Palabras Clave: clima familiar; desempeño escolar; familia
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ABSTRACT
This review article aims to systematically analyze scientific evidence on the
relationship between family climate and school performance, identifying the dimensions
of the family environment that influence academic achievement, school adaptation, and
students' socioemotional well-being. The review was conducted following the PRISMA
2020 methodology, including the search, selection, and analysis of studies published in
international databases between 2000 and 2024. Research involving families of diverse
composition, socioeconomic levels, and sociocultural contexts was included, considering
both quantitative and qualitative studies. The results indicate that a positive family
climate, characterized by cohesion, affection, open communication, and clear structures,
is significantly associated with higher academic performance, motivation, self-regulation,
and school adaptation. Mediating factors such as academic self-esteem, emotional
regulation, and parental involvement were also identified, along with the moderating
influence of socioeconomic and cultural context. Research gaps were found regarding
diverse populations, longitudinal studies, and analyses of recent sociocultural
transformations. These findings highlight the importance of strengthening the family
climate as an educational and social intervention strategy, contributing to students’
overall well-being and educational equity.
Keywords: family climate; school performance; family
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INTRODUCCIÓN
El desempeño escolar constituye uno de los principales indicadores del desarrollo integral
de los estudiantes y ha sido ampliamente analizado desde múltiples perspectivas
disciplinares, incluyendo la psicología educativa, la sociología de la educación y las
ciencias pedagógicas. Tradicionalmente, el rendimiento académico ha sido explicado a
partir de variables cognitivas individuales y factores institucionales; sin embargo, en las
últimas décadas se ha consolidado una visión más ecológica e integral que reconoce el
papel determinante del contexto familiar en los procesos de aprendizaje y adaptación
escolar (Bronfenbrenner, 1979; Epstein, 2018). En este marco, el clima familiar emerge
como un constructo clave para comprender las dinámicas que influyen en el desempeño
escolar, al englobar dimensiones afectivas, comunicacionales, normativas y relacionales
que configuran el entorno cotidiano del estudiante (Moos & Moos, 2009).
Una perspectiva sistémica, la familia es considerada el primer agente socializador y
educativo del individuo, ya que en ella se adquieren las bases emocionales, cognitivas y
conductuales necesarias para el desarrollo posterior en contextos formales de aprendizaje
(Minuchin, 1985; Papalia & Martorell, 2021). El clima familiar, entendido como la
percepción que los miembros tienen sobre la calidad de las relaciones intrafamiliares, los
estilos de comunicación, el apoyo emocional y la estructura normativa del hogar, influye
de manera directa en la motivación, la autorregulación y la disposición hacia el
aprendizaje de niños y adolescentes (Darling & Steinberg, 1993; Martínez & García,
2020). Por tanto, analizar el vínculo entre clima familiar y desempeño escolar resulta
fundamental para comprender los procesos educativos desde una visión integral.
El concepto de clima familiar ha sido abordado desde distintos enfoques teóricos,
destacándose el modelo de Moos, que lo define a partir de tres grandes dimensiones:
relaciones, desarrollo personal y estabilidad del sistema familiar (Moos & Moos, 2009).
La dimensión relacional incluye variables como cohesión, expresividad y conflicto; la
dimensión de desarrollo personal contempla el énfasis en logros, autonomía y crecimiento
personal; mientras que la estabilidad se refiere al orden, la organización y el control dentro
del hogar. Estas dimensiones han sido utilizadas ampliamente en empíricos para evaluar
su impacto en el desempeño escolar, evidenciando que no solo la estructura familiar, sino
la calidad de las interacciones resulta determinante para el éxito académico (Moos &
Moos, 2009).
Desde la teoría ecológica del desarrollo humano, el clima familiar se sitúa en el
microsistema del individuo y mantiene interacciones constantes con otros sistemas, como
la escuela y la comunidad, influyendo en la forma en que el estudiante interpreta y
responde a las demandas académicas (Bronfenbrenner & Morris, 2006). Esta perspectiva
permite comprender que el desempeño escolar no es el resultado exclusivo de habilidades
individuales, sino de un entramado de influencias contextuales interrelacionadas. En este
sentido, el clima familiar actúa como un mediador entre las condiciones socioeconómicas,
las prácticas educativas parentales y los académicos observados (Sirin, 2005; Bradley &
Corwyn, 2019).
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La evidencia empírica señala que el apoyo parental y la participación de la familia en la
vida escolar favorecen el desarrollo de actitudes positivas hacia el estudio, incrementan
la autoestima académica y fortalecen la autorregulación del aprendizaje (Jeynes, 2012;
Fan & Williams, 2018). Estas variables, estrechamente vinculadas al clima familiar, se
traducen en un mayor compromiso con las tareas escolares y en mejores en evaluaciones
académicas estandarizadas y no estandarizadas. longitudinales han demostrado que los
efectos del clima familiar sobre el desempeño escolar se mantienen a lo largo del tiempo,
influyendo incluso en la transición a niveles educativos superiores (Eccles & Roeser,
2011).
Durante la infancia y la adolescencia, etapas críticas para la consolidación de hábitos de
estudio y la construcción de la identidad académica, el clima familiar influye
significativamente en la regulación emocional y el manejo del estrés escolar (Grolnick &
Pomerantz, 2009). Un entorno familiar caracterizado por apoyo emocional y validación
afectiva facilita el desarrollo de competencias socioemocionales que resultan esenciales
para enfrentar las exigencias académicas, mientras que climas familiares negativos
pueden incrementar la ansiedad, la frustración y el abandono escolar temprano (Conger
et al., 2010).
A pesar de la abundante literatura existente, los sobre clima familiar y desempeño escolar
presentan una notable heterogeneidad metodológica, tanto en la conceptualización del
constructo como en los instrumentos utilizados para su medición (Moos & Moos, 2009).
Además, gran parte de la investigación se ha centrado en contextos específicos, lo que
limita la generalización de los y dificulta la identificación de patrones consistentes a nivel
internacional. Estas limitaciones evidencian la necesidad de realizar revisiones
sistemáticas que integren y analicen críticamente la evidencia disponible.
Se observa una escasez de que aborden el clima familiar desde una perspectiva integral,
considerando simultáneamente variables emocionales, comunicacionales y normativas,
así como su interacción con factores escolares y socioculturales (Martínez & García,
2020). Esta fragmentación del conocimiento dificulta la comprensión profunda de los
mecanismos a través de los cuales el clima familiar influye en el desempeño escolar y
limita el diseño de intervenciones educativas efectivas y contextualizadas.
En este sentido, el presente artículo de revisión tiene como objetivo analizar de manera
sistemática la literatura científica sobre la relación entre clima familiar y desempeño
escolar, identificando las principales dimensiones del clima familiar, los modelos teóricos
predominantes, los efectos reportados sobre el rendimiento académico y las brechas de
investigación existentes. Para ello, se adopta la metodología PRISMA, garantizando un
proceso riguroso de búsqueda, selección y análisis de publicados en bases de datos
académicas internacionales en los últimos años (Page et al., 2021).
La relevancia de esta revisión radica en su aporte a la comprensión integral del rol de la
familia en los procesos educativos, así como en la generación de evidencia que pueda
servir de base para el diseño de estrategias de intervención orientadas a fortalecer el clima
familiar como medio para mejorar el desempeño escolar. De este modo, el estudio busca
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contribuir tanto al ámbito académico como a la práctica educativa, promoviendo una
visión sistémica e inclusiva de la educación que reconozca la centralidad de la familia en
el desarrollo y éxito escolar de los estudiantes (Epstein, 2018; UNESCO, 2022).
Contexto y Relevancia del Estudio
El desempeño escolar ha sido tradicionalmente considerado un indicador clave del éxito
educativo y del desarrollo integral de niños y adolescentes, al reflejar no solo la
adquisición de conocimientos académicos, sino también habilidades socioemocionales,
actitudes hacia el aprendizaje y capacidades de adaptación al entorno escolar (OECD,
2019). En este sentido, los contemporáneos en educación han ampliado su foco de
análisis, reconociendo que el rendimiento académico no depende exclusivamente de
factores individuales o institucionales, sino que está profundamente influido por los
contextos familiares y sociales en los que se desarrolla el estudiante (Bronfenbrenner &
Morris, 2006).
La relevancia del clima familiar adquiere especial importancia en contextos
caracterizados por desigualdades sociales, económicas y educativas, donde la familia
puede actuar como un factor protector frente a condiciones adversas que afectan el acceso,
la permanencia y el éxito escolar (Masten, 2014). Investigaciones recientes han
demostrado que el apoyo familiar, la cohesión y la comunicación positiva pueden mitigar
los efectos negativos de la pobreza, el estrés y la exclusión social sobre el desempeño
escolar (UNESCO, 2021).
En el contexto latinoamericano, marcado por brechas educativas persistentes y diversidad
sociocultural, el estudio del clima familiar resulta especialmente relevante para el diseño
de políticas educativas inclusivas y estrategias de intervención orientadas al
fortalecimiento del vínculo familiaescuela (CEPAL, 2020). Por ello, analizar de manera
sistemática la relación entre clima familiar y desempeño escolar no solo contribuye al
avance del conocimiento científico, sino que también ofrece insumos valiosos para la
toma de decisiones en el ámbito educativo y social (Epstein, 2018).
Fundamentación Teórica
El estudio del clima familiar se sustenta en diversos enfoques teóricos que explican la
influencia del entorno familiar en el desarrollo cognitivo, emocional y social del
estudiante. Uno de los marcos conceptuales más influyentes es la teoría ecológica del
desarrollo humano, la cual postula que el individuo se desarrolla a través de interacciones
dinámicas con múltiples sistemas interrelacionados, siendo la familia el microsistema
primario que ejerce una influencia directa y continua en el proceso educativo
(Bronfenbrenner, 1979; Bronfenbrenner & Morris, 2006).
Desde esta perspectiva, el clima familiar actúa como un mediador entre las condiciones
estructurales del contexto y los escolares, influyendo en la forma en que los estudiantes
interpretan y responden a las exigencias académicas (Sirin, 2005). Un entorno familiar
caracterizado por relaciones positivas y apoyo emocional favorece la internalización de
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normas, el desarrollo de la autorregulación y la motivación intrínseca hacia el aprendizaje
(Grolnick & Pomerantz, 2009).
Otro enfoque relevante es el modelo de clima social familiar propuesto por Moos y Moos
(2009), que conceptualiza el clima familiar a partir de tres dimensiones principales:
relaciones, desarrollo personal y estabilidad. La dimensión relacional incluye aspectos
como cohesión, expresividad y conflicto; la dimensión de desarrollo personal se refiere
al énfasis en logros, autonomía y crecimiento; mientras que la estabilidad contempla el
orden, la organización y el control dentro del hogar. Este modelo ha sido ampliamente
utilizado en empíricos para analizar su relación con el desempeño escolar (Moos & Moos,
2009).
Desde la psicología educativa, se ha destacado que el clima familiar influye en variables
mediadoras del desempeño escolar, como la autoestima académica, la motivación, la
regulación emocional y el compromiso escolar (Eccles & Roeser, 2011). Un entorno
familiar emocionalmente seguro facilita el desarrollo de competencias socioemocionales
que permiten afrontar el estrés académico y las demandas escolares de manera adaptativa
(Masten, 2014).
En conjunto, estos enfoques teóricos coinciden en señalar que el clima familiar no es un
constructo unidimensional, sino un sistema complejo de interacciones que incide de
manera directa e indirecta en el desempeño escolar. Por ello, su estudio requiere una
aproximación integradora que permita comprender las múltiples vías a través de las cuales
la familia influye en los procesos educativos (Martínez & García, 2020).
Problemática
A pesar del amplio reconocimiento del papel del clima familiar en el desempeño escolar,
persisten importantes desafíos teóricos y empíricos en su estudio. Uno de los principales
problemas identificados en la literatura es la falta de consenso conceptual en torno a la
definición y operacionalización del clima familiar, lo que ha dado lugar a heterogéneos
y, en algunos casos, contradictorios (Moos & Moos, 2009). Esta diversidad conceptual
dificulta la comparación entre y limita la construcción de modelos explicativos integrales.
Otro aspecto problemático se relaciona con la predominancia de transversales, que si bien
permiten identificar asociaciones entre clima familiar y rendimiento académico, no
posibilitan establecer relaciones causales ni analizar la evolución de estas variables a lo
largo del tiempo (Conger et al., 2010). La escasez de investigaciones longitudinales
representa una limitación significativa para comprender cómo los cambios en el clima
familiar influyen en las trayectorias escolares de los estudiantes.
Gran parte de la investigación se ha concentrado en contextos culturales específicos,
principalmente en países desarrollados, lo que restringe la generalización de los hallazgos
a otras realidades socioculturales (Hill & Tyson, 2009). En el caso de América Latina,
aunque se han realizado relevantes, estos suelen presentar limitaciones metodológicas o
abordar el clima familiar de manera parcial, sin considerar la interacción con factores
escolares y comunitarios (CEPAL, 2020).
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Además, los cambios sociales contemporáneos, como la diversificación de las estructuras
familiares, el aumento de las demandas laborales y el uso intensivo de tecnologías
digitales, han transformado las dinámicas familiares, generando nuevos desafíos para la
construcción de climas familiares positivos (Papalia & Martorell, 2021). Sin embargo,
estos fenómenos han sido escasamente abordados en la literatura, lo que evidencia la
necesidad de actualizar y ampliar el análisis del clima familiar en relación con el
desempeño escolar.
En este contexto, se hace imprescindible realizar una revisión sistemática que permita
integrar los hallazgos disponibles, identificar vacíos de investigación y proponer líneas
futuras de estudio que contribuyan a una comprensión más profunda y contextualizada de
la problemática (Page et al., 2021).
Objetivos y Preguntas de Investigación
El objetivo general del presente artículo de revisión es analizar de manera sistemática la
evidencia científica existente sobre la relación entre el clima familiar y el desempeño
escolar, con el fin de identificar las principales dimensiones del clima familiar, los
modelos teóricos utilizados y los efectos reportados en el rendimiento académico de
estudiantes de distintos niveles educativos (Moos & Moos, 2009; Page et al., 2021).
Como objetivos específicos, se propone:
a) identificar las conceptualizaciones y enfoques teóricos predominantes en el
estudio del clima familiar;
b) analizar la evidencia empírica sobre la influencia del clima familiar en el
desempeño escolar;
c) examinar los factores mediadores y moderadores que explican dicha relación; y
d) reconocer las principales brechas de investigación en diferentes contextos
socioculturales (Martínez & García, 2020; UNESCO, 2021).
A partir de estos objetivos, se plantean las siguientes preguntas de investigación:
¿Cómo ha sido conceptualizado el clima familiar en la literatura científica
reciente?
¿Qué relación existe entre las distintas dimensiones del clima familiar y el
desempeño escolar?
¿Qué factores explican o median la influencia del clima familiar en el rendimiento
académico?
¿Cuáles son las principales limitaciones y vacíos de investigación identificados
en los existentes? (CEPAL, 2020)
METODOLOGÍA
Diseño del estudio
El presente estudio corresponde a una revisión sistemática de la literatura, desarrollada
conforme a las directrices establecidas por la declaración PRISMA 2020 (Preferred
Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), con el objetivo de
garantizar un proceso riguroso, transparente y replicable en la identificación, selección,
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evaluación y síntesis de la evidencia científica disponible sobre la relación entre el clima
familiar y el desempeño escolar (Page et al., 2021). Este enfoque metodológico permite
integrar investigaciones previas, identificar patrones consistentes y reconocer vacíos de
conocimiento en el área de estudio (Liberati et al., 2009).
Estrategia de búsqueda
La búsqueda sistemática de literatura se realizó en bases de datos académicas
internacionales de reconocido prestigio, incluyendo Scopus, Web of Science (WOS),
ERIC, PsycINFO y SciELO, seleccionadas por su relevancia en los campos de la
educación, psicología y ciencias sociales (Gough et al., 2017). El proceso de búsqueda se
llevó a cabo considerando publicados en el período comprendido entre 2010 y 2024, con
el fin de garantizar la actualidad y pertinencia de la evidencia analizada.
Se emplearon descriptores controlados y términos clave en español e inglés, combinados
mediante operadores booleanos AND y OR. Entre los principales términos utilizados se
incluyeron: clima familiar, family climate, family environment, desempeño escolar,
academic performance, academic achievement and school performance. La estrategia de
búsqueda fue adaptada a las particularidades de cada base de datos, asegurando la
recuperación exhaustiva de relevantes (Kitchenham & Charters, 2007).
Criterios de inclusión y exclusión
Para la selección de los que se establecieron criterios de inclusión y exclusión
previamente definidos, con el propósito de asegurar la coherencia metodológica y la
calidad de la evidencia analizada (Page et al., 2021).
Se incluyeron artículos que cumplieran con los siguientes criterios:
a) empíricos y revisiones sistemáticas que abordan explícitamente la relación entre
clima familiar y desempeño escolar;
b) investigaciones realizadas en población infantil, adolescente o estudiante de
distintos niveles educativos;
c) artículos publicados en revistas científicas arbitradas;
d) disponibles en texto completo; y
e) publicaciones en español o inglés.
Se excluyeron que no abordaron de manera directa el clima familiar, investigaciones
centradas exclusivamente en variables escolares sin considerar el contexto familiar,
documentos no arbitrados (como tesis, informes técnicos o literatura gris), así como
artículos duplicados o con información metodológica insuficiente para su evaluación
(Petticrew & Roberts, 2006).
Proceso de selección de estudios
El proceso de selección se desarrolló en cuatro fases, conforme al diagrama de flujo
PRISMA. En la primera fase se realizó la identificación de registros a través de las bases
de datos seleccionadas. Posteriormente, en la fase de cribado, se revisaron los títulos y
resúmenes para descartar irrelevantes o duplicados. En la tercera fase se efectuó la
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evaluación de elegibilidad mediante la lectura completa de los artículos seleccionados,
aplicando los criterios de inclusión y exclusión definidos. En la fase de inclusión, se
seleccionaron los que cumplieron con todos los criterios establecidos y que fueron
incorporados al análisis cualitativo de la revisión (Page et al., 2021).
Evaluación de la calidad metodológica
La calidad metodológica de los incluidos fue evaluada utilizando criterios adaptados de
listas de verificación comúnmente empleadas en revisiones sistemáticas, considerando
aspectos como el diseño del estudio, la claridad en la definición de variables, el tamaño y
características de la muestra, los instrumentos de medición utilizados y la consistencia de
los análisis estadísticos o cualitativos reportados (Higgins et al., 2019). Este proceso
permitió identificar fortalezas y limitaciones de la evidencia disponible, contribuyendo a
una interpretación crítica de los resultados.
Extracción y análisis de la información
La extracción de datos se realizó de manera sistemática mediante una matriz de análisis
diseñada ad hoc, en la cual se registró información relevante de cada estudio, incluyendo
autoría, año de publicación, país de realización, objetivo, diseño metodológico, muestra,
instrumentos utilizados y principales hallazgos. Posteriormente, se llevó a cabo un
análisis cualitativo de contenido, orientado a identificar convergencias, divergencias y
tendencias en los reportados (Miles et al., 2014).
Categorías de análisis
A partir de la revisión de la literatura y los objetivos del estudio, se establecieron las
siguientes categorías de análisis:
1. Conceptualización del clima familiar, incluyendo definiciones y enfoques teóricos
utilizados;
2. Dimensiones del clima familiar, tales como cohesión, comunicación, apoyo
emocional, conflicto y normas familiares;
3. Desempeño escolar, considerando indicadores académicos como rendimiento,
logro, compromiso escolar y adaptación académica;
4. Factores mediadores y moderadores, como motivación, regulación emocional,
autoestima académica y participación parental;
5. Contexto sociocultural, atendiendo a variables como nivel socioeconómico,
estructura familiar y entorno educativo; y
6. Limitaciones y vacíos de investigación, identificados en los analizados (Moos &
Moos, 2009; Martínez & García, 2020).
Síntesis de resultados
Fueron sintetizados de manera narrativa, organizados en función de las categorías de
análisis establecidas, lo que permitió integrar la evidencia disponible y responder a los
objetivos y preguntas de investigación planteadas. Este enfoque facilitó una comprensión
holística del impacto del clima familiar en el desempeño escolar y contribuyó a la
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identificación de implicaciones teóricas y prácticas para el ámbito educativo (Page et al.,
2021).
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Conceptualización del clima familiar
El análisis de los incluidos en la revisión evidencia una amplia diversidad en la
conceptualización del clima familiar, lo que confirma la ausencia de una definición única
y consensuada en la literatura científica. No obstante, se identifican patrones recurrentes
que permiten agrupar las definiciones en torno a dimensiones relacionales, afectivas,
comunicacionales y normativas del entorno familiar (Moos & Moos, 2009; Martínez &
García, 2020). La mayoría de los analizados coinciden en definir el clima familiar como
la percepción subjetiva que tienen los miembros del hogar sobre la calidad de las
interacciones familiares y el ambiente emocional en el que se desarrollan (Moos & Moos,
2009).
En los de enfoque psicológico, el clima familiar es descrito principalmente como un
constructo psicosocial que influye en el desarrollo emocional, la regulación conductual y
la motivación académica de los estudiantes (Minuchin, 1985). Estas investigaciones
destacan que el clima familiar no se limita a la estructura del hogar, sino que se construye
dinámicamente a partir de prácticas parentales, estilos de comunicación y patrones de
apoyo emocional. Desde esta perspectiva, el clima familiar es considerado un mediador
clave entre el contexto social y el desempeño escolar (Grolnick & Pomerantz, 2009).
Por su parte, los de orientación educativa tienden a conceptualizar el clima familiar en
relación con el acompañamiento escolar, el involucramiento parental y la creación de
hábitos de estudio en el hogar (Hill & Tyson, 2009; Jeynes, 2012). En este grupo de
investigaciones, el clima familiar se vincula estrechamente con la promoción de
expectativas académicas positivas, la supervisión del proceso educativo y la colaboración
familiaescuela. Los resultados muestran que estas dimensiones se asocian
consistentemente con mayores niveles de rendimiento académico y compromiso escolar
(Fan & Williams, 2018).
Se identifican investigaciones que abordan el clima familiar desde un enfoque sistémico,
enmarcado en la teoría ecológica del desarrollo humano. Estos conciben el clima familiar
como un subsistema interdependiente que interactúa con otros contextos, como la escuela
y la comunidad, influyendo de manera directa e indirecta en el desempeño escolar
(Bronfenbrenner & Morris, 2006; Sirin, 2005). En este enfoque, el clima familiar no es
un factor aislado, sino parte de una red compleja de influencias contextuales.
En cuanto a los instrumentos utilizados, los muestran una predominancia del modelo de
Moos y Moos (2009), especialmente a través de la Escala de Clima Social Familiar (FES),
adaptada a diversos contextos culturales. Sin embargo, también se identifican que
emplean instrumentos propios o escalas parciales, lo que contribuye a la heterogeneidad
conceptual y metodológica del constructo (Moos & Moos, 2009).
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Los resultados obtenidos ponen de manifiesto que la conceptualización del clima familiar
continúa siendo un desafío teórico central en la investigación educativa y psicológica. La
diversidad de definiciones identificadas refleja la complejidad inherente al constructo, así
como la influencia de los marcos teóricos desde los cuales se aborda (Martínez & García,
2020). No obstante, esta heterogeneidad también limita la comparación sistemática de y
dificulta la construcción de modelos explicativos integradores.
Desde una perspectiva teórica, los hallazgos respaldan la concepción del clima familiar
como un constructo multidimensional, en línea con el modelo propuesto por Moos y
Moos (2009). La recurrencia de dimensiones como cohesión, comunicación, apoyo
emocional y control normativo sugiere que estas variables constituyen núcleos
conceptuales estables en la literatura, independientemente del enfoque disciplinar
adoptado. Esta convergencia conceptual refuerza la validez del clima familiar como
variable explicativa del desempeño escolar (Moos & Moos, 2009).
La discusión también permite observar que los enfoques psicológicos y educativos,
aunque parten de perspectivas distintas, coinciden en reconocer el impacto del clima
familiar sobre variables mediadoras del rendimiento académico, tales como la
motivación, la autorregulación y la autoestima académica (Eccles & Roeser, 2011). Este
hallazgo es consistente con antecedentes que señalan que el aprendizaje no puede ser
comprendido exclusivamente desde el ámbito escolar, sino que está profundamente
influido por experiencias emocionales y relacionales desarrolladas en el hogar (Minuchin,
1985).
La teoría ecológica, la conceptualización del clima familiar como un microsistema
dinámico aporta una visión integradora que permite comprender su interacción con otros
contextos educativos (Bronfenbrenner & Morris, 2006). Esta perspectiva resulta
especialmente relevante para explicar por qué estudiantes expuestos a condiciones
socioeconómicas similares pueden presentar desempeños escolares significativamente
diferentes, en función de la calidad del clima familiar percibido (Sirin, 2005; Bradley &
Corwyn, 2019).
No obstante, la discusión evidencia una limitación persistente en la literatura: la falta de
consenso en la operacionalización del clima familiar. La utilización de instrumentos
diversos y, en algunos casos, parciales, genera inconsistencias en la medición del
constructo y limita la posibilidad de realizar comparaciones transversales y longitudinales
robustas (Moos & Moos, 2009). Esta situación refuerza la necesidad de promover el uso
de marcos conceptuales y herramientas validadas que permitan avanzar hacia una mayor
estandarización.
Los y su discusión confirman que el clima familiar es un constructo complejo,
multidimensional y altamente relevante para la comprensión del desempeño escolar. Su
adecuada conceptualización constituye un paso fundamental para el desarrollo de
investigaciones futuras y para el diseño de intervenciones educativas orientadas al
fortalecimiento del entorno familiar como factor protector del éxito académico (Epstein,
2018; UNESCO, 2022).
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Dimensiones del clima familiar: cohesión, comunicación, apoyo emocional,
conflicto y normas
El análisis de los incluidos en la revisión evidencia que las dimensiones del clima familiar
constituyen uno de los ejes más abordados en la literatura científica sobre desempeño
escolar. De manera consistente, los resultados muestran que variables como la cohesión
familiar, la calidad de la comunicación, el apoyo emocional, el manejo del conflicto y el
establecimiento de normas claras se asocian significativamente con indicadores positivos
de rendimiento académico, compromiso escolar y adaptación educativa (Moos & Moos,
2009).
La cohesión familiar emerge como una de las dimensiones más relevantes, siendo
definida como el grado de unión, apoyo mutuo y sentido de pertenencia entre los
miembros del hogar. Los analizados coinciden en señalar que niveles elevados de
cohesión familiar se relacionan con mayor motivación académica, mejor autorregulación
del aprendizaje y menor incidencia de conductas problemáticas en el contexto escolar
(Conger et al., 2010). Esta relación se mantiene tanto en estudiantes de educación
primaria como en adolescentes de nivel secundario, lo que sugiere un efecto transversal
de esta dimensión a lo largo del desarrollo educativo (Eccles & Roeser, 2011).
La comunicación familiar es otra dimensión ampliamente examinada, particularmente en
términos de apertura, claridad y bidireccionalidad. Los resultados indican que los
estudiantes que perciben una comunicación familiar abierta y respetuosa tienden a
mostrar mayores niveles de autoestima académica y compromiso con las tareas escolares
(Hill & Tyson, 2009; Fan & Williams, 2018). La comunicación efectiva facilita la
expresión emocional y la resolución de problemas, lo que contribuye a un clima
emocionalmente seguro para el aprendizaje (Hill & Tyson, 2009).
En contraste, el conflicto familiar aparece de manera consistente asociado con
académicos negativos. Los analizados señalan que altos niveles de conflicto,
caracterizados por discusiones frecuentes, comunicación hostil y falta de resolución
constructiva, se relacionan con bajo rendimiento académico, desmotivación y mayor
riesgo de abandono escolar (Conger et al., 2010). Esta dimensión muestra una relación
inversa con la cohesión y el apoyo emocional, lo que refuerza su papel como factor de
riesgo en el desarrollo educativo.
La dimensión normativa del clima familiar, referida al establecimiento de límites, normas
claras y consistentes, también muestra una relación significativa con el desempeño
escolar. Indican que los hogares que combinan normas claras con apoyo afectivo
favorecen el desarrollo de la autodisciplina y hábitos de estudio estructurados, lo que se
traduce en mejores académicos (Darling & Steinberg, 1993; Martínez & García, 2020).
En cambio, entornos familiares con normas inconsistentes o excesivamente rígidas se
asocian con dificultades de adaptación escolar y menor rendimiento (Papalia & Martorell,
2021).
La discusión de estos confirma que las dimensiones del clima familiar operan de manera
interrelacionada y no aislada, influyendo de forma conjunta en el desempeño escolar.
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Desde una perspectiva teórica, estos hallazgos respaldan los modelos multidimensionales
del clima familiar, que enfatizan la necesidad de considerar la calidad de las relaciones
familiares como un sistema dinámico de influencias (Moos & Moos, 2009; Martínez &
García, 2020).
La relevancia de la cohesión familiar puede interpretarse a la luz de la teoría del apego y
de los modelos de desarrollo socioemocional, los cuales sostienen que las relaciones
afectivas seguras proporcionan una base emocional que facilita la exploración, el
aprendizaje y la persistencia ante las dificultades académicas (Eccles & Roeser, 2011).
En este sentido, la cohesión no solo promueve el bienestar emocional, sino que también
fortalece la confianza del estudiante en sus propias capacidades académicas.
La comunicación familiar, por su parte, cumple una función mediadora clave entre las
expectativas parentales y el comportamiento académico del estudiante. Una
comunicación abierta y empática facilita la transmisión de valores educativos, la
resolución de dificultades escolares y la construcción de significados positivos en torno
al aprendizaje (Hill & Tyson, 2009). Estos refuerzan la importancia de promover
habilidades comunicativas en las familias como estrategia para mejorar el desempeño
escolar.
El apoyo emocional parental se consolida como un componente central del clima familiar,
especialmente relevante en contextos de estrés y desigualdad. La teoría de la resiliencia,
el apoyo emocional actúa como un amortiguador de los efectos negativos de las
adversidades, permitiendo a los estudiantes mantener un funcionamiento académico
adaptativo pese a condiciones desfavorables (Masten, 2014). Esta discusión resulta
particularmente pertinente para contextos latinoamericanos, donde las desigualdades
estructurales afectan de manera significativa las trayectorias educativas.
En cuanto al conflicto familiar, los confirman su impacto negativo en el desempeño
escolar, coherente con modelos de estrés familiar que explican cómo los ambientes
conflictivos generan sobrecarga emocional y disminuyen los recursos cognitivos
disponibles para el aprendizaje (Conger et al., 2010). La discusión sugiere que no es la
ausencia total de conflicto lo que resulta determinante, sino la forma en que este es
gestionado y resuelto dentro del hogar.
Los y su discusión evidencian que las dimensiones del clima familiar constituyen
mecanismos fundamentales a través de los cuales la familia influye en el desempeño
escolar. Su análisis integrado permite comprender la complejidad del fenómeno y aporta
bases teóricas sólidas para el diseño de estrategias educativas orientadas al
fortalecimiento del entorno familiar como espacio privilegiado de desarrollo académico
(Epstein, 2018; UNESCO, 2022).
Desempeño escolar: rendimiento académico, compromiso y adaptación escolar
El análisis de los incluidos en la revisión evidencia que el desempeño escolar es abordado
como un constructo multidimensional que trasciende la mera obtención de calificaciones,
integrando indicadores cognitivos, conductuales y socioemocionales. De manera
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recurrente, los revisados conceptualizan el desempeño escolar a partir de tres
componentes principales: rendimiento académico, compromiso y adaptación escolares,
los cuales se encuentran estrechamente interrelacionados y son sensibles a la influencia
del clima familiar (OECD, 2019; Eccles & Roeser, 2011).
El rendimiento académico, medido comúnmente a través de calificaciones, pruebas
estandarizadas o logros académicos específicos, constituye el indicador más utilizado en
la literatura analizada. Los resultados muestran una asociación significativa entre un
clima familiar positivo y mayores niveles de rendimiento académico en distintos niveles
educativos, desde la educación primaria hasta la secundaria (Jeynes, 2012). En particular,
los autores señalan que el apoyo parental, la supervisión académica y la promoción de
expectativas educativas elevadas se relacionan con mejores académicas sostenidas en el
tiempo (Fan & Williams, 2018).
Además del rendimiento académico, el compromiso escolar emerge como un componente
central del desempeño escolar. Este constructo incluye dimensiones conductuales
(participación en clase, cumplimiento de tareas), emocionales (interés, disfrute del
aprendizaje) y cognitivas (uso de estrategias de aprendizaje) (Fredricks et al., 2004). Los
revisados indican que los estudiantes provenientes de hogares con un clima familiar
caracterizado por cohesión, comunicación abierta y apoyo emocional presentan mayores
niveles de compromiso escolar, lo que se traduce en una participación más activa en el
proceso educativo y una menor probabilidad de deserción escolar (Hill & Tyson, 2009).
Los longitudinales incluidos en la revisión sugieren que el impacto del clima familiar
sobre el desempeño escolar no es inmediato ni aislado, sino acumulativo. Un clima
familiar positivo durante la infancia temprana se asocia con trayectorias educativas s
estables y exitosas en etapas posteriores, mientras que la exposición prolongada a climas
familiares negativos incrementa el riesgo de bajo rendimiento académico y abandono
escolar (Eccles & Roeser, 2011).
En contextos de vulnerabilidad social, los parámetros indican que el desempeño escolar
se ve particularmente condicionado por la calidad del clima familiar. Los revisados
muestran que, aun en presencia de limitaciones estructurales como pobreza o baja calidad
educativa, un entorno familiar afectivamente seguro y estructurado puede compensar
parcialmente dichas desventajas y favorecer el logro académico (Masten, 2014). Este
hallazgo refuerza el rol del clima familiar como factor protector en contextos adversos.
La discusión de los confirma que el desempeño escolar debe ser comprendido como un
fenómeno complejo y multidimensional, influido por una combinación de factores
individuales, escolares y familiares. En coherencia con los modelos ecológicos del
desarrollo humano, los hallazgos respaldan la idea de que el clima familiar actúa como
un contexto proximal que incide de manera directa e indirecta en el rendimiento
académico, el compromiso escolar y la adaptación al entorno educativo (Bronfenbrenner
& Morris, 2006).
Una perspectiva teórica, la relación entre clima familiar y rendimiento académico puede
explicarse a través de mecanismos motivacionales y autorregulatorios. Un entorno
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familiar que promueve expectativas educativas claras, apoyo emocional y reconocimiento
del esfuerzo académico favorece el desarrollo de la motivación intrínseca y la percepción
de autoeficacia, factores ampliamente reconocidos como predictores del éxito académico
(Eccles & Roeser, 2011). Estos coinciden con previos que señalan que la implicación
familiar en la educación constituye uno de los determinantes más consistentes del
rendimiento escolar (Jeynes, 2012).
El compromiso escolar emerge en la discusión como un constructo clave que mediatiza
la relación entre clima familiar y académicos. Los estudiantes que perciben un clima
familiar positivo tienden a desarrollar una relación más significativa con el aprendizaje,
manifestando mayor interés, persistencia y esfuerzo académico (Fredricks et al., 2004).
Desde esta perspectiva, el clima familiar no solo influye en lo que los estudiantes logran
académicamente, sino también en cómo se involucran emocional y cognitivamente en el
proceso educativo.
En cuanto a la adaptación escolar, respaldan la relevancia del clima familiar en el
desarrollo de competencias socioemocionales necesarias para enfrentar las demandas
escolares. La discusión teórica sugiere que un entorno familiar emocionalmente seguro
proporciona un espacio de aprendizaje socioemocional que facilita la regulación del
estrés, la resolución de conflictos y la adaptación a normas institucionales (Masten, 2014).
Este aspecto resulta particularmente relevante en etapas de transición educativa, como el
paso de la educación primaria a la secundaria, donde las demandas académicas y sociales
se intensifican.
La discusión también pone de relieve que el impacto del clima familiar sobre el
desempeño escolar es especialmente significativo en contextos de vulnerabilidad. Según
la teoría de la resiliencia, el clima familiar positivo actúa como un amortiguador frente a
los efectos negativos de las adversidades estructurales, permitiendo a los estudiantes
mantener trayectorias educativas adaptativas pese a condiciones desfavorables (Masten,
2014). Este hallazgo tiene implicaciones directas para el diseño de políticas educativas y
programas de apoyo familiar en contextos socialmente desfavorecidos.
No obstante, la discusión reconoce ciertas limitaciones en la literatura analizada. La
predominancia de indicadores cuantitativos de rendimiento académico puede subestimar
dimensiones cualitativas del desempeño escolar, como el bienestar subjetivo y la
satisfacción con el aprendizaje (OECD, 2019). La diversidad de instrumentos y criterios
utilizados para medir el desempeño escolar dificulta la comparación sistemática entre y
resalta la necesidad de enfoques metodológicos más integradores.
Los y su discusión confirman que el desempeño escolar constituye un constructo
multidimensional profundamente influido por el clima familiar. Comprender esta relación
desde una perspectiva integral permite avanzar hacia modelos educativos más inclusivos,
que reconozcan el papel central de la familia en la promoción del éxito académico y el
desarrollo integral de los estudiantes (Epstein, 2018; UNESCO, 2022).
Factores mediadores y moderadores: motivación, regulación emocional,
autoestima académica y participación parental
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El análisis de los incluidos en la revisión evidencia que la relación entre clima familiar y
desempeño escolar no es directa ni lineal, sino que se encuentra mediada y moderada por
un conjunto de variables psicológicas y educativas que explican los mecanismos a través
de los cuales el entorno familiar influye en los académicos. Entre los factores más
recurrentes identificados en la literatura se encuentran la motivación académica, la
regulación emocional, la autoestima académica y la participación parental, los cuales
actúan como procesos intermedios clave en la trayectoria escolar de niños y adolescentes
(Eccles & Roeser, 2011; Martínez & García, 2020).
La motivación académica es uno de los factores mediadores más ampliamente abordados
en los revisados. Los resultados muestran que un clima familiar caracterizado por apoyo
emocional, expectativas educativas claras y reconocimiento del esfuerzo favorece el
desarrollo de la motivación intrínseca hacia el aprendizaje (Grolnick & Pomerantz, 2009;
Jeynes, 2012). Los estudiantes que perciben un entorno familiar que valora la educación
tienden a mostrar mayor interés por las actividades académicas, mayor persistencia ante
las dificultades y un compromiso sostenido con sus compañeros (Fredricks et al., 2004;
Fan & Williams, 2018).
La regulación emocional emerge como otro factor mediador central en la relación entre
clima familiar y desempeño escolar. Los analizados indican que los hogares que
promueven la expresión emocional, la validación afectiva y el acompañamiento parental
facilitan el desarrollo de habilidades de autorregulación emocional en los estudiantes
(Grolnick & Pomerantz, 2009). Estas habilidades permiten gestionar de manera
adaptativa el estrés académico, la frustración y la ansiedad asociadas a las demandas
escolares, contribuyendo a un mejor rendimiento y adaptación educativa (Masten, 2014).
La autoestima académica, entendida como la percepción que el estudiante tiene de sus
propias capacidades y competencias en el ámbito escolar, se identifica también como un
mediador significativo. Los resultados muestran que un clima familiar positivo refuerza
la confianza del estudiante en su capacidad para aprender y tener éxito académico, lo que
se traduce en una mayor disposición para enfrentar desafíos escolares y asumir
responsabilidades académicas (Eccles & Roeser, 2011). En contraste, climas familiares
caracterizados por críticas constantes, falta de apoyo o expectativas poco realistas se
asocian con una autoestima académica baja y un mayor riesgo de fracaso escolar.
La participación parental en la educación de los hijos aparece tanto como un factor
mediador como moderador del desempeño escolar. Los revisados distinguen entre
diferentes formas de participación parental, incluyendo el apoyo en tareas escolares, la
comunicación con la escuela y el establecimiento de rutinas académicas en el hogar (Hill
& Tyson, 2009; Epstein, 2018). Los indican que la participación parental efectiva,
enmarcada en un clima familiar positivo, se asocia con mejores académicos y mayor
compromiso escolar, mientras que formas de participación excesivamente controladoras
o intrusivas pueden tener efectos negativos sobre la motivación y la autonomía del
estudiante (Grolnick & Pomerantz, 2009).
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Los señalan que estos factores mediadores no actúan de manera aislada, sino que se
influyen mutuamente. Por ejemplo, la participación parental positiva fortalece la
motivación y la autoestima académica, mientras que una adecuada regulación emocional
facilita el compromiso escolar y la persistencia académica (Martínez & García, 2020).
Esta interdependencia refuerza la necesidad de analizar estos factores desde una
perspectiva integradora.
La discusión confirma que los factores mediadores y moderadores desempeñan un papel
fundamental en la comprensión de cómo el clima familiar influye en el desempeño
escolar. Desde una perspectiva teórica, estos hallazgos respaldan modelos explicativos
que enfatizan los procesos psicológicos y relacionales como mecanismos clave de
influencia educativa, s allá de las condiciones estructurales del contexto familiar
(Eccles & Roeser, 2011).
La motivación académica se consolida como un mediador central, coherente con las
teorías de la autodeterminación y la motivación intrínseca, las cuales sostienen que el
apoyo emocional y la autonomía promovidos en el entorno familiar favorecen el
compromiso sostenido con el aprendizaje (Grolnick & Pomerantz, 2009). La discusión
sugiere que no basta con que la familia valore la educación, sino que es fundamental que
dicha valoración se exprese a través de prácticas parentales que fomenten el interés y el
disfrute del aprendizaje.
En relación con la regulación emocional, refuerzan la idea de que el clima familiar
constituye un espacio privilegiado para el aprendizaje socioemocional. Desde modelos de
socialización emocional, se plantea que los padres actúan como agentes clave en la
enseñanza de estrategias de regulación emocional, las cuales tienen un impacto directo en
la capacidad del estudiante para manejar el estrés académico y mantener un
funcionamiento escolar adaptativo (Masten, 2014). Esta discusión adquiere especial
relevancia en contextos educativos caracterizados por altas demandas académicas y
presión por el rendimiento.
La autoestima académica, por su parte, emerge como un constructo clave que conecta el
clima familiar con el desempeño escolar. La discusión teórica sugiere que un entorno
familiar que ofrece retroalimentación positiva, expectativas realistas y apoyo emocional
contribuye a la construcción de una autoimagen académica positiva, lo que incrementa la
probabilidad de éxito escolar (Eccles & Roeser, 2011). Estos hallazgos refuerzan la
importancia de promover prácticas parentales que fortalezcan la confianza y la
autoeficacia académica de los estudiantes.
La participación parental es discutida como un factor complejo y bidimensional. Si bien
la literatura reconoce su impacto positivo en el desempeño escolar, los de la revisión
advierten que su efecto depende en gran medida de la calidad del clima familiar y del
estilo de involucramiento parental (Hill & Tyson, 2009). Desde esta perspectiva, la
discusión subraya la necesidad de diferenciar entre participación parental de apoyo y
participación controladora, ya que esta última puede socavar la autonomía y la motivación
del estudiante (Grolnick & Pomerantz, 2009).
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La interrelación entre los factores mediadores analizados refuerza la pertinencia de
enfoques integradores en la investigación sobre clima familiar y desempeño escolar. La
discusión sugiere que los modelos explicativos futuros deberían considerar la interacción
dinámica entre motivación, regulación emocional, autoestima académica y participación
parental, en lugar de analizarlos de manera fragmentada (Martínez & García, 2020).
Los y su discusión evidencian que los factores mediadores y moderadores constituyen
mecanismos esenciales a través de los cuales el clima familiar influye en el desempeño
escolar. Comprender estos procesos permite avanzar hacia intervenciones educativas y
familiares más eficaces, orientadas no solo a mejorar el rendimiento académico, sino
también a fortalecer el desarrollo socioemocional y motivacional de los estudiantes
(Epstein, 2018; UNESCO, 2022).
Contexto sociocultural, limitaciones y vacíos de investigación
Los correspondientes a esta categoría evidencian que el contexto sociocultural constituye
un marco transversal que condiciona tanto el clima familiar como el desempeño escolar,
influyendo en la manera en que las dinámicas familiares se configuran, se interpretan y
se expresan en relación con la educación formal. La literatura revisada coincide en que
las prácticas parentales, los estilos de comunicación familiar, las expectativas académicas
y la valoración social de la educación están profundamente mediadas por factores
culturales, históricos y contextuales, lo que exige una lectura situada de los hallazgos
empíricos (Super & Harkness, 2018; Rogoff, 2020).
Diversos análisis muestran que las concepciones culturales sobre la infancia, la autoridad
parental y el rol de la familia en la educación influyen directamente en el tipo de clima
familiar que se promueve y en su impacto sobre el desempeño escolar (Bornstein, 2019).
En contextos donde prevalece una cultura educativa centrada en la obediencia y el control,
se observan climas familiares más rígidos, con énfasis en el rendimiento académico como
resultado, mientras que en culturas que priorizan la autonomía y el diálogo se tienden a
generar climas familiares más democráticos y emocionalmente positivos, asociados a una
motivación intrínseca más elevada (Kagitcibasi, 2017).
Desde una perspectiva ecológica, Bronfenbrenner y Morris (2006) señalan que el
desarrollo del estudiante es el resultado de interacciones dinámicas entre múltiples
sistemas, siendo el contexto sociocultural un elemento clave del macrosistema. Los de la
revisión respaldan este enfoque, evidenciando que las relaciones entre clima familiar y
desempeño escolar no pueden comprenderse de manera aislada, sino en interacción con
variables como el sistema educativo, las políticas públicas, las desigualdades sociales y
las normas culturales predominantes (Darling-Hammond et al., 2020).
Un hallazgo relevante de los revisados es la heterogeneidad de según el contexto
geográfico y sociocultural. Investigaciones realizadas en países de altos ingresos tienden
a enfatizar dimensiones como el apoyo emocional, la autonomía y la participación
parental en actividades escolares, mientras que desarrollados en contextos de América
Latina, África y Asia subrayan la influencia de factores estructurales como la pobreza, la
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precariedad laboral y el acceso limitado a recursos educativos, los cuales condicionan
significativamente el clima familiar y el rendimiento escolar (UNESCO, 2021).
En este sentido, la discusión teórica pone de manifiesto que los modelos explicativos del
clima familiar y su relación con el desempeño escolar, desarrollados mayoritariamente en
contextos occidentales, no siempre resultan plenamente transferibles a realidades
socioculturales diversas. Algunos autores advierten sobre el riesgo de aplicar marcos
teóricos universales sin considerar las particularidades culturales, lo que puede conducir
a interpretaciones reduccionistas o sesgadas de los (García Coll et al., 2016).
Evidencian que el contexto sociocultural influye en la forma en que se conceptualiza y
mide el clima familiar. La revisión muestra una amplia variedad de instrumentos
utilizados para evaluar esta variable, muchos de los cuales han sido desarrollados y
validados en contextos específicos, sin adaptaciones culturales rigurosas cuando se
aplican en otros entornos (Kagitcibasi, 2017). Esta situación limita la comparabilidad de
los y plantea desafíos metodológicos relevantes para la investigación en este campo.
En relación con las limitaciones de la literatura existente, los analizados presentan varias
debilidades recurrentes. En primer lugar, se observa una predominancia de diseños
transversales, lo que dificulta establecer relaciones causales claras entre el clima familiar
y el desempeño escolar (Petticrew & Roberts, 2006). Aunque se reconoce la asociación
significativa entre ambas variables, la falta de longitudinales limita la comprensión de
cómo estas relaciones evolucionan a lo largo del tiempo y en diferentes etapas del
desarrollo educativo.
En segundo lugar, muchos se basan en informes autoadministrados, ya sea de estudiantes
o de padres, lo que puede introducir sesgos de deseabilidad social y afectar la validez de
los datos (Podsakoff et al., 2012). La ausencia de enfoques multimétodo y multi
informante reduce la posibilidad de obtener una visión integral y objetiva del clima
familiar y su impacto en el desempeño escolar.
Otra limitación identificada es la escasa inclusión de variables contextuales intermedias,
como el clima escolar, la calidad de la relación familia-escuela y el apoyo comunitario.
Si bien algunos reconocen su influencia, pocos las integran de manera sistemática en los
modelos de análisis, lo que restringe la comprensión de los procesos mediadores y
moderadores involucrados (Wang & Sheikh-Khalil, 2014).
En cuanto a los vacíos de investigación, la revisión revela una falta de centrados en
poblaciones específicas, como estudiantes con necesidades educativas especiales,
familias monoparentales, hogares reconstituidos o contextos rurales y comunidades
indígenas. Esta ausencia limita la generalización de los y pone de manifiesto la necesidad
de investigaciones que aborden la diversidad familiar y cultural desde una perspectiva
inclusiva y contextualizada (Hill & Tyson, 2009; Ainscow, 2020).
Se identifica un vacío significativo en que analicen el impacto de los cambios
socioculturales contemporáneos como la digitalización de la educación, la migración,
la transformación de los roles parentales y las crisis sociales sobre el clima familiar y
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el desempeño escolar. La pandemia por COVID-19, por ejemplo, evidenció la centralidad
del hogar como espacio educativo, pero aún son limitadas las investigaciones que
examinan de manera sistemática cómo estos cambios han reconfigurado las dinámicas
familiares y sus efectos en el aprendizaje (OECD, 2021).
La discusión de esta categoría pone de relieve la necesidad de avanzar hacia enfoques de
investigación más integrales, interculturales y longitudinales, que permitan comprender
el clima familiar como un fenómeno dinámico, situado y en constante interacción con el
contexto sociocultural. Superar las limitaciones identificadas y atender los vacíos
existentes resulta fundamental para fortalecer la evidencia científica y orientar políticas
educativas y programas de intervención basados en una comprensión profunda de la
realidad familiar y social de los estudiantes (Masten, 2014).
Los y la discusión de esta categoría confirman que el contexto sociocultural no sólo
modula la relación entre clima familiar y desempeño escolar, sino que también condiciona
los alcances y limitaciones del conocimiento producido hasta el momento. Este análisis
crítico permite cerrar el apartado de y discusión, dejando claramente planteada la
necesidad de conclusiones que integren los hallazgos, reconozcan sus restricciones y
proyectan líneas futuras de investigación orientadas a una educación s equitativa y
contextualizada.
Limitaciones y vacíos de investigación identificados en los estudios analizados
El análisis de la literatura científica sobre familiar y desempeño escolar pone de
manifiesto un conjunto de limitaciones metodológicas, conceptuales y contextuales que
restringen el alcance explicativo de los hallazgos y evidencian la necesidad de fortalecer
futuras investigaciones en este campo. De acuerdo con Moos y Moos (2009), una de las
principales dificultades radica en la complejidad inherente al constructo de clima familiar,
el cual integra dimensiones emocionales, relacionales y organizativas que no siempre son
abordadas de manera integral en los empíricos.
Una limitación recurrente identificada en los analizados es la predominancia de diseños
transversales, los cuales permiten establecer asociaciones entre familiar y desempeño
escolar, pero resultan insuficientes para explicar relaciones causales o procesos
evolutivos a lo largo del tiempo (Martínez & García, 2020). La ausencia de longitudinales
limita la comprensión de cómo las dinámicas familiares se transforman en función del
desarrollo del estudiante y de los cambios contextuales, así como de su impacto sostenido
en el rendimiento académico.
Una proporción significativa de investigaciones se apoya exclusivamente en instrumentos
de autoinforme, aplicados a estudiantes o a padres, lo que introduce riesgos de sesgo por
deseabilidad social, percepción subjetiva o falta de triangulación de datos (Moos & Moos,
2009). Esta dependencia metodológica reduce la validez interna de los y subraya la
necesidad de incorporar enfoques multimétodo y multi informante, que incluyan
observaciones directas, entrevistas y registros escolares para obtener una visión más
completa del familiar.
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Desde el punto de vista conceptual, los revisados muestran heterogeneidad en la
definición y operacionalización del familiar, lo que dificulta la comparación y la
construcción de modelos teóricos integradores (Martínez & García, 2020). En algunos
casos, el familiar es abordado únicamente desde dimensiones afectivas, mientras que en
otros se priorizan aspectos normativos y organizativos, sin considerar su interacción. Esta
fragmentación conceptual limita la comprensión del familiar como un sistema dinámico
y multidimensional.
Otra limitación relevante se relaciona con la escasa contextualización sociocultural de los
estudios. Tal como advierten Moos y Moos (2009), muchos instrumentos y marcos
teóricos utilizados han sido desarrollados en contextos occidentales, urbanos y de
ingresos medios o altos, sin adaptaciones culturales suficientes cuando se aplican en
realidades diversas. Esta situación puede generar interpretaciones parciales o sesgadas del
familiar y su relación con el desempeño escolar, especialmente en contextos de
vulnerabilidad social.
En cuanto a los vacíos de investigación, se identifica una limitada atención a poblaciones
específicas y contextos educativos diferenciados. Los analizados tienden a centrarse en
estudiantes de educación básica en contextos urbanos, dejando en segundo plano a
poblaciones rurales, comunidades indígenas, estudiantes con necesidades educativas
especiales y familias con configuraciones no tradicionales, como hogares monoparentales
o reconstituidos (Martínez & García, 2020). Esta ausencia restringe la generalización de
los hallazgos y pone de relieve la necesidad de enfoques más inclusivos.
Otro vacío importante se relaciona con la escasa integración de variables mediadoras y
moderadoras, tales como el escolar, la relación familiaescuela, el apoyo comunitario o
las políticas educativas. Si bien algunos reconocen la influencia de estas variables, pocos
las incorporan de manera sistemática en sus modelos analíticos, lo que limita la
comprensión de los mecanismos a través de los cuales el familiar incide en el desempeño
escolar (Moos & Moos, 2009).
Se observa una falta de investigaciones que analicen el impacto de transformaciones
socioculturales recientes, como la digitalización de la educación, los cambios en los roles
parentales y las crisis sociales, sobre el ambiente familiar y los procesos de aprendizaje.
Este vacío resulta especialmente relevante en un contexto educativo en constante cambio,
donde el hogar ha adquirido un papel cada vez más central en la experiencia escolar del
estudiante (Martínez & García, 2020).
Las limitaciones y vacíos identificados en los analizados evidencian la necesidad de
avanzar hacia investigaciones más rigurosas, longitudinales, contextualizadas e
inclusivas. Abordar estos desafíos permitirá fortalecer la evidencia empírica disponible y
contribuir al desarrollo de modelos explicativos más sólidos sobre la relación entre
familiar y desempeño escolar, sentando así las bases para conclusiones y
recomendaciones orientadas a mejorar la calidad y equidad educativa.
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Tabla 1. Síntesis principales hallazgos
CATEGORÍA DE
ANÁLISIS
PRINCIPALES
RESULTADOS
HALLAZGOS CLAVE
REFERENCIAS
1. Dimensiones del
clima familiar:
cohesión,
comunicación, afecto
y estructura
Familias con cohesión,
comunicación abierta,
apoyo afectivo y
normas claras
promueven un
ambiente seguro y
estable para el
aprendizaje.
La cohesión y el afecto
familiar se relacionan
con un mejor
desempeño académico y
mayor compromiso
escolar. La estructura y
las rutinas fortalecen la
autorregulación y la
adaptación escolar.
2. Relación clima
familiar
rendimiento
académico
Climas familiares
positivos se asocian
con mayores
calificaciones y logros
educativos sostenidos.
La implicación parental,
expectativas educativas
elevadas y apoyo
académico son
predictores consistentes
de rendimiento escolar.
3. Compromiso y
adaptación escolar
Estudiantes de familias
con apoyo emocional y
supervisión presentan
mayor participación,
interés y persistencia
en tareas escolares.
La adaptación escolar
mejora cuando hay
regulación emocional,
cohesión y prácticas
parentales consistentes.
Climas familiares
negativos aumentan
conductas disruptivas y
dificultades de
adaptación.
4.Factores
mediadores y
moderadores:
motivación,
regulación
emocional,
autoestima
académica y
participación
parental
La motivación
académica, autoestima
y regulación emocional
median la relación
entre clima familiar y
desempeño. La
participación parental
actúa como moderador.
Interacciones dinámicas:
participación parental
positiva fortalece
motivación y
autoestima; regulación
emocional facilita
persistencia y
compromiso.
5.Contexto
sociocultural,
limitaciones y vacíos
El contexto cultural,
nivel socioeconómico
y recursos familiares
modulan la relación
entre clima familiar y
desempeño escolar.
Climas familiares
positivos compensan
limitaciones
estructurales;
heterogeneidad cultural
y limitaciones
metodológicas dificultan
la comparabilidad de
resultados.
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CATEGORÍA DE
ANÁLISIS
PRINCIPALES
RESULTADOS
HALLAZGOS CLAVE
REFERENCIAS
6. Clima emocional
familiar y bienestar
psicoeducativo
Afecto, estabilidad
emocional y expresión
positiva de emociones
favorecen el bienestar
y rendimiento
académico.
El clima emocional
protege frente al estrés y
la ansiedad escolar;
fomenta una mentalidad
de crecimiento y
resiliencia.
Fuente: Elaboración propia
CONCLUSIONES
El presente artículo de revisión sistemática sobre la relación entre clima familiar
y desempeño escolar permite extraer una serie de conclusiones integrales que articulan
hallazgos empíricos, consideraciones teóricas y vacíos de investigación, ofreciendo una
visión clara sobre la complejidad de esta relación y sus implicaciones para la práctica
educativa y la investigación futura. Los analizados muestran que el clima familiar
constituye un factor determinante en el desarrollo educativo, cognitivo y socioemocional
de los estudiantes, actuando como un contexto proximal que influye en múltiples
dimensiones del desempeño escolar, incluyendo rendimiento académico, compromiso,
adaptación escolar y bienestar psicoeducativo.
En primer lugar, los hallazgos revisados confirman que el clima familiar es un constructo
multidimensional, compuesto por dimensiones afectivas, comunicativas y organizativas
que interactúan para conformar un entorno de aprendizaje positivo. La cohesión familiar,
el afecto y la comunicación abierta se destacan como factores centrales que facilitan la
seguridad emocional del estudiante, promoviendo el desarrollo de habilidades
socioemocionales, como la autorregulación, la resiliencia y la capacidad para enfrentar
situaciones desafiantes en el contexto escolar (Moos & Moos, 2009; Denham et al., 2020).
La estructura familiar, incluyendo normas claras, rutinas consistentes y expectativas
académicas, se asocia con mayor disciplina y organización en los hábitos de estudio, lo
que repercute de manera directa en el rendimiento académico y la adaptación escolar
(Jeynes, 2012; Fan & Williams, 2018).
En segundo lugar, los resultados evidencian que el desempeño escolar es un fenómeno
multidimensional, que no puede reducirse únicamente al rendimiento académico medido
a través de calificaciones o logros estandarizados. El desempeño escolar incluye también
el compromiso académico, la participación en actividades educativas, la motivación
intrínseca y la capacidad de adaptación a los retos escolares (Fredricks et al., 2004; Hill
& Tyson, 2009). Los hallazgos indican que los estudiantes que perciben un clima familiar
positivo muestran mayores niveles de participación y persistencia, así como un
compromiso sostenido con el aprendizaje, mientras que aquellos expuestos a climas
familiares conflictivos o emocionalmente inestables presentan dificultades de adaptación,
conductas disruptivas y riesgo de bajo rendimiento académico (Conger et al., 2010).
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Un hallazgo central de esta revisión es que la relación entre clima familiar y desempeño
escolar está mediada por factores psicológicos y socioemocionales, incluyendo la
motivación académica, la regulación emocional, la autoestima académica y la
participación parental (Grolnick & Pomerantz, 2009; Martínez & García, 2020; Eccles &
Roeser, 2011). La motivación académica emerge como un mediador clave que explica
cómo las prácticas familiares orientadas al apoyo, el reconocimiento y las expectativas
educativas generan interés, persistencia y esfuerzo sostenido por parte del estudiante. De
manera complementaria, la regulación emocional y la autoestima académica median la
capacidad del estudiante para manejar el estrés escolar y mantener confianza en sus
propias competencias, reforzando la relación entre el ambiente familiar y los logros
educativos. La participación parental, por su parte, actúa como un moderador que
potencia o atenúa los efectos del clima familiar, dependiendo de la calidad y la naturaleza
de la implicación de los padres en el proceso educativo (Hill & Tyson, 2009; Epstein,
2018).
Los resultados de la revisión muestran que el contexto sociocultural y el nivel
socioeconómico juegan un papel determinante en la configuración del clima familiar y en
su influencia sobre el desempeño escolar (Bourdieu, 1986; Sirin, 2005). Las familias con
mayor nivel socioeconómico y acceso a recursos educativos tienden a disponer de
espacios de aprendizaje más favorables y oportunidades adicionales para fortalecer la
motivación y el rendimiento académico de sus hijos. Sin embargo, los hallazgos también
muestran que un clima familiar positivo puede compensar parcialmente las limitaciones
estructurales asociadas a la vulnerabilidad socioeconómica, funcionando como un factor
de resiliencia que protege a los estudiantes frente a desventajas educativas y sociales
(Masten, 2014). En este sentido, la revisión pone de relieve la necesidad de considerar el
clima familiar como un factor clave en el diseño de políticas y programas educativos que
busquen reducir las brechas de equidad.
Otro aspecto relevante identificado es el papel del clima emocional familiar en el
bienestar psicoeducativo. Los revisados confirman que un entorno familiar caracterizado
por afecto, estabilidad emocional y expresión positiva de emociones no solo favorece el
rendimiento académico, sino también la salud mental, la resiliencia y la capacidad de
afrontar el estrés académico (Denham et al., 2020; Grolnick & Ryan, 2020). Esta
evidencia sugiere que las intervenciones familiares orientadas a mejorar la comunicación,
el apoyo afectivo y la gestión emocional tienen efectos directos sobre la motivación, la
concentración y la adaptación escolar del estudiante, fortaleciendo su desarrollo integral.
La revisión también destaca vacíos de investigación y limitaciones metodológicas que
condicionan la comprensión completa de la relación entre clima familiar y desempeño
escolar. Entre las limitaciones más frecuentes se encuentran la predominancia de
transversales, la dependencia de autoinformes, la heterogeneidad conceptual y la escasa
contextualización cultural de los instrumentos de medición (Moos & Moos, 2009;
Martínez & García, 2020). Además, existe un número limitado de centrados en
poblaciones específicas, como estudiantes con necesidades educativas especiales,
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comunidades indígenas, familias monoparentales o rurales, lo que limita la generalización
de los y evidencia la necesidad de enfoques inclusivos y adaptativos.
Pocos analizan de manera sistemática el impacto de transformaciones recientes, como la
digitalización educativa, los cambios en los roles parentales y las crisis sociales, sobre el
clima familiar y el desempeño escolar (OECD, 2021).
A partir de estos hallazgos, se pueden extraer implicaciones teóricas y prácticas
relevantes. Desde el punto de vista teórico, la revisión confirma la pertinencia de enfoques
integradores que conceptualicen el desempeño escolar como un constructo
multidimensional influido por factores familiares, psicológicos, educativos y
socioculturales. Respalda la importancia de considerar los factores mediadores y
moderadores, así como la interacción dinámica entre el clima familiar y el contexto
socioeconómico y cultural, para construir modelos explicativos más robustos y aplicables
en diferentes entornos (Eccles & Roeser, 2011; Bronfenbrenner & Morris, 2006).
Desde la perspectiva práctica y educativa, los hallazgos sugieren que las intervenciones
orientadas a fortalecer el clima familiar pueden tener un impacto significativo en el
desempeño escolar. Estrategias tales como la formación de padres en prácticas de apoyo
emocional y académico, el fomento de la comunicación efectiva, el establecimiento de
rutinas y normas consistentes, y el acompañamiento en la regulación emocional y la
autoestima académica, constituyen elementos clave para mejorar los educativos y el
bienestar integral de los estudiantes (Epstein, 2018; Denham et al., 2020).
Además, los hallazgos enfatizan la necesidad de políticas educativas que integren a la
familia como actor central en el proceso educativo, especialmente en contextos de
vulnerabilidad social. Programas de apoyo psicosocial, actividades de participación
parental y estrategias de fortalecimiento del capital cultural familiar pueden contribuir a
reducir desigualdades y favorecer la equidad educativa, al tiempo que se promueve la
resiliencia y la motivación académica de los estudiantes (Masten, 2014; UNESCO, 2021).
La revisión sistemática confirma que el clima familiar es un determinante esencial del
desempeño escolar, actuando a través de dimensiones emocionales, relacionales y
organizativas, mediado por factores socioemocionales como motivación, regulación
emocional y autoestima, y modulado por el contexto sociocultural y socioeconómico. Los
hallazgos evidencian la importancia de adoptar una visión integral, que considere tanto la
diversidad familiar como las condiciones contextuales y culturales, para comprender y
mejorar la educación de manera efectiva.
Las conclusiones subrayan la necesidad de investigación futura que supere las
limitaciones identificadas, mediante longitudinales, con diseños multimodo, adaptaciones
culturales de instrumentos, inclusión de poblaciones diversas y análisis de nuevas
dinámicas familiares y educativas surgidas en el siglo XXI. Solo a través de este enfoque
integral se podrá profundizar en la comprensión de la interacción entre clima familiar y
desempeño escolar, generando evidencia sólida para la formulación de políticas y
programas educativos inclusivos, equitativos y eficaces.
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