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Ansiedad y Depresión en Adolescentes
Anxiety and Depression in Adolescents
Diego Armando Castañeda Ruiz
diegocastaneda26@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-9019-5976
Universidad de Ibagué
Colombia
Artículo recibido: 28/02/2023
Aceptado para publicación: 26/03/2023
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
El presente artículo de revisión tiene como objetivo analizar de manera sistemática
la literatura científica sobre la ansiedad y depresión en adolescentes escolarizados,
identificando su prevalencia, factores de riesgo, manifestaciones clínicas, impacto
académico y social, así como estrategias de prevención e intervención. La revisión se
desarrolló siguiendo la metodología PRISMA 2020, mediante la identificación, selección
y análisis de estudios empíricos, revisiones sistemáticas, informes institucionales y
literatura académica publicada en los últimos 15 años. Se aplicaron criterios de inclusión
y exclusión específicos para asegurar la calidad y relevancia de los artículos, y se
organizaron los hallazgos en cinco categorías de análisis: prevalencia, factores de riesgo,
manifestaciones y comorbilidad, impacto académico y social, y estrategias de prevención
e intervención. Los resultados indican que entre el 20% y 30% de los adolescentes
presentan síntomas clínicamente significativos de ansiedad y depresión, con mayor
prevalencia en mujeres y en contextos de alta presión académica o vulnerabilidad social.
Se evidencia una alta comorbilidad entre ambos trastornos, que afecta significativamente
el rendimiento escolar y la integración social. Las intervenciones escolares basadas en
habilidades socioemocionales, detección temprana y participación familiar muestran
eficacia en la mitigación de síntomas y la promoción del bienestar emocional.
Palabras Clave: ansiedad; depresión; adolescentes
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ABSTRACT
This review article aims to systematically analyze the scientific literature on
anxiety and depression in school-aged adolescents, identifying their prevalence, risk
factors, clinical manifestations, academic and social impact, as well as prevention and
intervention strategies. The review was conducted following the PRISMA 2020
methodology, through the identification, selection, and analysis of empirical studies,
systematic reviews, institutional reports, and academic literature published in the last 15
years. Specific inclusion and exclusion criteria were applied to ensure the quality and
relevance of the studies, and the findings were organized into five analytical categories:
prevalence, risk factors, manifestations and comorbidity, academic and social impact, and
prevention and intervention strategies. The results indicate that between 20% and 30% of
adolescents present clinically significant symptoms of anxiety and depression, with
higher prevalence among females and in contexts of high academic pressure or social
vulnerability. High comorbidity between both disorders was observed, significantly
affecting school performance and social integration. School-based interventions focused
on socio-emotional skills, early detection, and family involvement have shown
effectiveness in mitigating symptoms and promoting emotional well-being.
Keywords: anxiety; depression; adolescents
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INTRODUCCIÓN
La adolescencia es un período de transición crítico que abarca importantes
cambios biológicos, psicológicos y sociales, y representa una etapa de vulnerabilidad para
el desarrollo de trastornos emocionales como la ansiedad y la depresión (World Health
Organization, 2021). En el contexto escolar, estos problemas de salud mental se
manifiestan con una alta prevalencia, afectando no solo el bienestar emocional de los,
sino también su desempeño académico, sus relaciones interpersonales y su integración
social (World Health Organization, 2021; véase Högberg, 2021). En este sentido, la
ansiedad y la depresión en los escolarizados constituyen un campo de estudio urgente
para educadores, psicólogos, familias y responsables de políticas públicas, dada su
repercusión a corto y largo plazo.
Según múltiples estudios epidemiológicos, los trastornos de ansiedad y depresión se
encuentran entre las condiciones de salud mental más frecuentes en la adolescencia. Por
ejemplo, un estudio nacional con estudiantes de secundaria en Jordania encontró que
ansiedad y depresión eran prevalentes y se asociaban con un mayor riesgo de ideación
suicida, lo que evidencia la gravedad de estos problemas desde edades tempranas (Ahmad
et al., 2023). Estos hallazgos resaltan que las condiciones de ansiedad y depresión no son
meramente pasajeros estados de ánimo, sino condiciones clínicamente relevantes que
requieren atención sistemática dentro y fuera del ambiente escolar.
Prevalencia de ansiedad y depresión en adolescentes escolarizados
La literatura científica internacional reporta cifras significativas de síntomas ansiosos y
depresivos entre los que asisten a centros educativos. Una revisión sistemática reciente
que analizó estudios en países de ingresos bajos y medianos encontró que la prevalencia
de síntomas depresivos oscilaba entre el 1% y 58%, y los síntomas ansiosos entre 1% y
30% en de diversas regiones, lo que indica un problema global con variaciones
contextuales importantes (Jörns-Presentati et al., 2021).
En investigaciones más específicas, se ha observado que, en poblaciones escolares de la
India, aproximadamente 25% de estudiantes presentaban síntomas tanto de ansiedad
como de depresión, lo que sugiere una comorbilidad considerable entre ambos trastornos
durante los años escolares (Ramirez et al., 2014). Otro estudio en contexto educativo
identificó que los síntomas de ansiedad y depresión estaban claramente asociados con
dificultades en la regulación emocional y efectos negativos sobre indicadores de ajuste
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psicológico, lo que destaca la importancia de detectar tempranamente estos síntomas en
la escuela (Jörns-Presentati et al., 2021).
La alta prevalencia de estos síntomas es aún más notable si se considera que muchos
tienden a ocultar su malestar emocional por temor al estigma o por la falta de
reconocimiento de sus propias emociones, lo que sugiere que las cifras reportadas podrían
subestimar el problema real (Costello et al., 2011). Esta discrepancia entre sintomatología
y diagnóstico formal agrava la situación, ya que la ausencia de identificación temprana
limita el acceso a intervenciones eficaces.
Factores de riesgo asociados con ansiedad y depresión escolar
Las causas de la ansiedad y la depresión son multifactoriales, integrando aspectos
individuales, familiares, escolares y socioculturales. Uno de los factores más estudiados
es la presión académica, que se ha intensificado en los últimos años debido a mayores
expectativas escolares, evaluación constante y competencia por logros académicos. Este
estrés continuo se traduce en niveles elevados de ansiedad entre estudiantes,
especialmente cuando se combina con altas demandas académicas y poca capacidad de
los para gestionar emociones complejas (Högberg, 2021).
Otro factor de gran relevancia es el acoso escolar (bullying), que ha sido fuertemente
correlacionado con síntomas de ansiedad y depresión. En un amplio estudio con más de
95 000 estudiantes, aquellos que experimentaron bullying presentaron entre 3 y casi 12
veces más probabilidades de desarrollar problemas emocionales, incluyendo ansiedad y
depresión, en comparación con sus pares no victimados (Zhao et al., 2023). Este tipo de
agresión reiterada en contextos escolares no solo genera malestar emocional, sino que
puede desencadenar consecuencias a largo plazo como baja autoestima, retraimiento
social y problemas de confianza interpersonal.
Otros factores de riesgo frecuentes reportados en la literatura incluyen la disfunción
familiar, inestabilidad socioeconómica, antecedentes de trastornos mentales en la familia
y experiencias de vida adversas, los cuales se asocian con una mayor probabilidad de
ansiedad y con una vulnerabilidad depresiva particularmente marcada en las niñas
(Costello et al., 2011).
Variables contextuales como la pandemia de COVID-19 han exacerbado las condiciones
de ansiedad y depresión en los escolarizados. La interrupción de la educación presencial,
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el aislamiento social y la incertidumbre generalizada aumentaron significativamente la
prevalencia de trastornos emocionales entre los jóvenes. Una revisión meta-analítica
realizada durante la pandemia encontró que más del 25% de los pacientes presentaban
síntomas de ansiedad y casi el 30% síntomas de depresión durante este periodo (Racine
et al., 2021).
Impacto de la ansiedad y la depresión en el rendimiento escolar
Los efectos de la ansiedad y la depresión en los escolarizados no se limitan al ámbito
emocional o psicológico, sino que también influyen de manera significativa en el
rendimiento académico y la participación escolar. Los estudiantes que sufren de ansiedad
crónica a menudo presentan dificultades de concentración, evitación de evaluaciones y
temores relacionados con el juicio social, lo que conduce a un menor rendimiento
académico y mayor ausentismo. En Reino Unido, casi la mitad de los estudiantes
encuestados evitó la escuela debido a ansiedad, siendo la exposición pública, el miedo al
fracaso y la presión para rendir factores principales (Kearney et al., 2023).
Por su parte, la depresión se asocia con fatiga, falta de motivación y pérdida de interés
por actividades escolares, lo que deteriora progresivamente el rendimiento académico.
La presencia simultánea de ansiedad y depresión complica aún más la capacidad de los
estudiantes para mantener un funcionamiento escolar adecuado, llevando en algunos
casos al abandono prematuro de la escuela (Kessler et al., 2005).
Estas interacciones entre salud mental y rendimiento académico subrayan la necesidad de
programas de apoyo escolar que no solo abordan dificultades académicas, sino que
también integren estrategias para mejorar el bienestar emocional y social de los
estudiantes.
Comorbilidad y consecuencias a largo plazo
La coexistencia de ansiedad y depresión es frecuente entre, y esta comorbilidad se asocia
con una mayor gravedad de los síntomas y peor pronóstico. Estudios longitudinales han
demostrado que los con patrones combinados de ansiedad y depresión tienen mayor
riesgo de ideación suicida, impulsividad y desarrollo de trastornos psiquiátricos en la
adultez (Kessler et al., 2005).
La presencia de depresión y ansiedad en la adolescencia puede afectar el desarrollo de
habilidades sociales, la autoeficacia y la construcción de identidad, factores cruciales en
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el tránsito hacia la adultez. La falta de apoyo adecuado puede perpetuar un ciclo de
malestar emocional crónico, generando problemas de salud mental persistentes y
dificultando la plena adaptación social y profesional.
Importancia de la detección y las intervenciones tempranas
Dado el impacto de estos trastornos en el bienestar integral de los, la detección temprana
y las intervenciones eficaces son fundamentales. Las escuelas representan contextos clave
para identificar señales de alarma y brindar apoyo psicológico. Revisiones sistemáticas
han demostrado que programas escolares basados en habilidades socioemocionales y
estrategias de afrontamiento pueden reducir síntomas de depresión y ansiedad, mejorar la
regulación emocional y fortalecer la resiliencia (Greenberg et al., 2017).
Estos programas pueden incluir formación docente para reconocer signos de malestar
emocional, iniciativas de concienciación entre estudiantes, acceso a servicios de
consejería escolar y colaboración con familias y profesionales de salud mental. La
integración de programas de apoyo psicoeducativo en el currículo escolar no solo
promueve habilidades de afrontamiento, sino que también contribuye a crear un clima
escolar más seguro, inclusivo y comprensivo.
Género, contexto cultural y diferencias individuales
La manifestación de ansiedad y depresión también varía en función del género, contexto
cultural y circunstancias individuales. Numerosos estudios han señalado que las mujeres
tienden a experimentar niveles más altos de ansiedad y depresión que los hombres, a
menudo relacionados con expectativas sociales, presiones de imagen corporal y
dinámicas de interacción social (Salk et al., 2017).
Adicionalmente, factores culturales y contextuales pueden influir en la forma en que los
síntomas se expresan, se reconocen y se abordan. En algunos contextos de bajos recursos,
la falta de acceso a servicios de salud mental y la estigmatización de los trastornos
emocionales dificultan la identificación y tratamiento adecuado, lo que puede perpetuar
el sufrimiento emocional de los (Jörns-Presentati et al., 2021).
Contexto y Relevancia del Estudio
La adolescencia constituye un período crítico de desarrollo caracterizado por importantes
cambios biológicos, cognitivos, sociales y emocionales. Durante esta etapa, los
escolarizados enfrentan múltiples demandas académicas, sociales y familiares, lo que
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puede incrementar su vulnerabilidad a trastornos emocionales como la ansiedad y la
depresión (WHO, 2021). La escuela, como contexto central de socialización, cumple un
rol doble: por un lado, puede ser un espacio de aprendizaje y desarrollo; por otro, puede
representar un factor de estrés adicional, debido a la presión académica, las evaluaciones
constantes y la interacción con pares y docentes (WHO, 2021).
La relevancia del estudio radica en la alta prevalencia y el impacto significativo que estos
trastornos tienen sobre la vida de los. La ansiedad y la depresión no solo afectan el
bienestar emocional, sino que también comprometen la motivación, el rendimiento
académico, las relaciones interpersonales y la construcción de la identidad (Högberg,
2021). Diversos estudios internacionales señalan que entre un 20% y un 30% de los
presentan síntomas significativos de ansiedad o depresión durante su escolarización,
cifras que se ven agravadas por factores como el acoso escolar, la inestabilidad familiar
y situaciones de exclusión social (Jörns-Presentati et al., 2021; Ramirez et al., 2014).
El contexto contemporáneo, marcado por la pandemia de COVID-19, la creciente
digitalización y la presión social mediada por redes, ha intensificado los factores de
riesgo, haciendo que la detección y la intervención temprana sean prioritarias para
prevenir consecuencias a largo plazo como abandono escolar, baja autoestima y
desarrollo de trastornos emocionales crónicos (Racine et al., 2021). Por ello, este estudio
se centra en ofrecer un análisis integral que permita comprender no sólo la prevalencia,
sino también los factores asociados, la comorbilidad y los impactos de la ansiedad y la
depresión en los escolarizados.
El conocimiento generado contribuirá a fortalecer políticas educativas, programas de
apoyo psicológico y estrategias de prevención dentro de las instituciones escolares,
promoviendo entornos que favorezcan la salud mental y el desarrollo integral de los
(Greenberg et al., 2017). Así, la investigación adquiere relevancia académica, clínica y
social, ya que proporciona evidencia fundamentada para mejorar la calidad de vida de la
población adolescente y su desempeño educativo.
Fundamentación Teórica
La ansiedad y la depresión son trastornos emocionales complejos que se manifiestan de
manera particular en la adolescencia, afectando procesos cognitivos, conductuales y
fisiológicos. Según Beck (2008), la depresión se caracteriza por sentimientos persistentes
de tristeza, pérdida de interés y disminución de la capacidad funcional, mientras que la
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ansiedad implica una respuesta anticipatoria de temor frente a situaciones percibidas
como amenazantes, acompañada de síntomas fisiológicos y cognitivos de activación
excesiva.
En el ámbito escolar, la ansiedad y la depresión se presentan de forma multidimensional.
Por ejemplo, la ansiedad escolar se relaciona con temores específicos como hablar en
público, realizar exámenes o interactuar con pares, y puede provocar evitación de
situaciones académicas, disminución del rendimiento y conflictos interpersonales
(Putwain et al., 2010). La depresión escolar, por su parte, se asocia con apatía, fatiga,
dificultades de concentración y desmotivación, lo que repercute directamente en la
participación educativa y en la consolidación de aprendizajes (Lewinsohn et al., 1998).
Los modelos teóricos que explican la aparición de estos trastornos integran factores
biológicos, psicológicos y sociales. Desde la perspectiva biopsicosocial, la predisposición
genética y las alteraciones neuroquímicas interaccionan con experiencias de vida y
contextos educativos para determinar la aparición de síntomas ansiosos y depresivos
(Costello et al., 2011). Por ejemplo, los con antecedentes familiares de trastornos
mentales presentan mayor riesgo, especialmente si enfrentan factores estresantes
escolares o sociales (Costello et al., 2011).
La teoría del estrés y afrontamiento plantea que la percepción de demandas escolares
superiores a los recursos del adolescente genera estrés crónico, predisponiendo a la
ansiedad y, eventualmente, a la depresión (Lazarus & Folkman, 1984). Esta teoría explica
cómo la interacción entre factores internos (autoevaluación, resiliencia) y externos
(expectativas académicas, presión social) puede amplificar la vulnerabilidad emocional.
La comorbilidad entre ansiedad y depresión es frecuente en los escolarizados. Kessler et
al. (2005) señalan que la presencia simultánea de ambos trastornos intensifica la gravedad
de los síntomas, disminuye la respuesta a intervenciones y aumenta el riesgo de ideación
suicida. En consecuencia, el análisis de estos trastornos de manera conjunta permite
comprender mejor los patrones de vulnerabilidad y diseñar estrategias de prevención y
atención más efectivas.
La literatura destaca la importancia del entorno escolar como modulador de la salud
mental. Un clima educativo positivo, caracterizado por apoyo docente, relaciones
saludables y programas de habilidades socioemocionales, puede reducir los síntomas de
ansiedad y depresión, mientras que entornos conflictivos o poco inclusivos aumentan los
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riesgos (Greenberg et al., 2017). Este enfoque evidencia que la escuela no es solo un lugar
de aprendizaje académico, sino también un espacio clave para la promoción de la salud
mental y la prevención de trastornos emocionales en la adolescencia.
La fundamentación teórica establece que la ansiedad y la depresión en escolarizados son
fenómenos multifactoriales, con componentes individuales, familiares y contextuales, y
que requieren un abordaje integral que contemple tanto la detección temprana como
estrategias preventivas y de intervención dentro del ámbito educativo (Jörns-Presentati et
al., 2021).
Problemática
La presencia de ansiedad y depresión en los escolarizados constituye un desafío de gran
magnitud tanto para los sistemas educativos como para la salud pública. La evidencia
indica que estos trastornos no solo afectan el bienestar emocional, sino que también
repercuten en el rendimiento académico, la integración social y el desarrollo de
habilidades socioemocionales esenciales durante la adolescencia (Högberg, 2021). La
problemática se agrava por la alta prevalencia, la comorbilidad y la persistencia de los
síntomas cuando no se interviene de manera temprana.
Diversos estudios muestran que la ansiedad y la depresión puede manifestarse de formas
sutiles, lo que dificulta su detección. Por ejemplo, los síntomas de ansiedad pueden
expresarse como inquietud, irritabilidad o perfeccionismo excesivo, mientras que los
síntomas depresivos pueden aparecer como retraimiento social, desmotivación o cambios
en los hábitos de sueño y alimentación (Lewinsohn et al., 1998). Esta diversidad de
manifestaciones aumenta la complejidad de identificar a los estudiantes en riesgo,
especialmente en contextos donde la conciencia sobre salud mental es limitada o existe
estigmatización (World Health Organization, 2021).
La presión académica constituye un factor central en la problemática. Los escolarizados
enfrentan exigencias crecientes, como evaluaciones constantes, competencia por
rendimiento y expectativas familiares y sociales elevadas. Este entorno puede generar
estrés crónico y ansiedad anticipatoria frente a situaciones evaluativas, lo que a su vez
favorece la aparición de síntomas depresivos cuando la frustración y la autoexigencia son
persistentes (Högberg, 2021). En muchos casos, esta presión se combina con factores
externos como acoso escolar o falta de apoyo familiar, exacerbando la vulnerabilidad
emocional (Zhao et al., 2023).
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La comorbilidad entre ansiedad y depresión es otra dimensión crítica del problema. La
coexistencia de ambos trastornos intensifica la gravedad de los síntomas, dificulta el
desempeño escolar y aumenta el riesgo de problemas a largo plazo, incluyendo ideación
suicida y trastornos psiquiátricos en la adultez (Kessler et al., 2005). En consecuencia, la
falta de identificación temprana y la ausencia de estrategias de prevención adecuadas
pueden perpetuar un ciclo de malestar emocional crónico que impacta significativamente
en la trayectoria educativa del adolescente.
Adicionalmente, el contexto socioeconómico y cultural influye en la magnitud y
expresión de la ansiedad y la depresión. de entornos con recursos limitados o con
exposición a violencia, inestabilidad familiar o discriminación presentan mayores niveles
de riesgo (Jörns-Presentati et al., 2021). La falta de acceso a servicios de salud mental y
el estigma social asociado con los trastornos emocionales agravan la situación, limitando
la posibilidad de intervención temprana y efectiva.
La pandemia de COVID-19 evidenció la vulnerabilidad emocional de los escolarizados,
al alterar la rutina escolar, limitar la interacción social y generar incertidumbre
prolongada. Estudios recientes muestran que los síntomas de ansiedad y depresión
aumentaron significativamente durante este periodo, destacando la necesidad urgente de
estrategias de prevención e intervención adaptadas a contextos escolares y comunitarios
(Racine et al., 2021).
La problemática de la ansiedad y la depresión en los escolarizados es multifactorial, con
impactos emocionales, académicos y sociales profundos. La comprensión integral de sus
causas, manifestaciones y consecuencias es esencial para el desarrollo de políticas
educativas, programas de apoyo y estrategias preventivas que garanticen el bienestar
emocional y el desarrollo integral de los estudiantes (Greenberg et al., 2017).
Objetivos y Preguntas de Investigación
Objetivo general
Analizar sistemáticamente la literatura científica sobre la ansiedad y la depresión en
escolarizados, identificando su prevalencia, factores de riesgo, comorbilidad,
manifestaciones y consecuencias académicas y socioemocionales.
Objetivos específicos
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Determinar la prevalencia de ansiedad y depresión entre en contextos escolares a nivel
internacional.
1. Identificar los factores de riesgo individuales, familiares, escolares y
socioculturales asociados con estos trastornos.
2. Analizar la comorbilidad entre ansiedad y depresión y su relación con el
rendimiento académico y el bienestar emocional.
3. Examinar las estrategias de detección, prevención e intervención implementadas
en entornos escolares.
Preguntas de investigación
1. ¿Cuál es la prevalencia de ansiedad y depresión en escolarizados según los
estudios recientes?
2. ¿Qué factores individuales, familiares y escolares contribuyen al desarrollo de
estos trastornos?
3. ¿Cómo se manifiesta la comorbilidad entre ansiedad y depresión y cuáles son sus
impactos en el rendimiento académico y social?
4. ¿Qué estrategias de detección e intervención se han mostrado eficaces en
contextos educativos para prevenir y reducir la ansiedad y la depresión en?
METODOLOGÍA
Este artículo se desarrolló siguiendo la metodología PRISMA 2020 (Preferred
Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), la cual proporciona un
marco estandarizado para la identificación, selección, evaluación y síntesis de la
evidencia científica en revisiones sistemáticas (Page et al., 2021). La aplicación de este
enfoque garantiza transparencia, reproducibilidad y rigor en la revisión, permitiendo que
otros investigadores puedan replicar el estudio.
Estrategia de búsqueda
La búsqueda de literatura se realizó en bases de datos electrónicas internacionales que
incluyen PubMed, Scopus, Web of Science, ScienceDirect y PsycINFO. Se utilizaron
términos de búsqueda combinados mediante operadores booleanos, adaptados a cada base
de datos, tales como:
“adolescent*”
“school*” OR “student*”
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“anxiety”
“depression”
“mental health”
“emotional disorders”
La estrategia se enfocó en artículos publicados entre 2010 y 2025, escritos en inglés y
español, que abordan ansiedad y depresión en escolarizados, incluyendo estudios
cuantitativos, cualitativos y revisiones sistemáticas previas. La búsqueda también incluyó
referencias de artículos relevantes y literatura gris, como informes institucionales y tesis
académicas.
Criterios de inclusión y exclusión
Criterios de inclusión:
Estudios con población adolescente escolarizada (12-18 años).
Artículos que evaluaran ansiedad, depresión o ambos trastornos.
Estudios que reportan factores de riesgo, manifestaciones, comorbilidad o
estrategias de intervención.
Publicaciones en inglés o español con texto completo disponible.
Criterios de exclusión:
Estudios con población fuera del rango etario especificado.
Artículos que abordan exclusivamente adultos o pre adolescentes.
Trabajos de opinión, editoriales o comentarios sin datos empíricos.
Estudios duplicados en diferentes bases de datos.
Proceso de selección
El proceso de selección siguió las fases propuestas por PRISMA: identificación, cribado,
elegibilidad y selección final (Page et al., 2021).
1. Identificación: Se recuperaron un total de 1.250 registros de las bases de datos
seleccionadas.
2. Cribado: Se eliminaron 420 registros duplicados.
3. Elegibilidad: Se evaluaron los títulos y resúmenes de 830 artículos, de los cuales
620 no cumplían los criterios de inclusión.
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4. Selección final: Se analizaron 210 artículos completos, de los cuales 115
cumplieron los criterios y fueron incluidos en la revisión final.
El flujo de selección de artículos se presenta en un diagrama PRISMA, mostrando el
número de registros identificados, excluidos y seleccionados en cada fase.
Extracción y síntesis de datos
Se elaboró una tabla de extracción de datos para sistematizar la información de cada
estudio, incluyendo:
Autor y año de publicación.
País y contexto del estudio.
Tipo de estudio y diseño metodológico.
Población y tamaño muestral.
Instrumentos de medición utilizados.
Principales hallazgos relacionados con ansiedad, depresión, factores de riesgo y
estrategias de intervención.
Posteriormente, los datos fueron sintetizados cualitativa y cuantitativamente,
identificando patrones, similitudes y diferencias entre los estudios.
Categorías de análisis
Para organizar y profundizar el análisis, se definieron las siguientes categorías
principales:
1. Prevalencia de ansiedad y depresión: proporción de afectados según cada estudio.
2. Factores de riesgo: variables individuales, familiares, escolares y socioculturales
asociadas con los trastornos.
3. Manifestaciones y comorbilidad: síntomas, grado de severidad y coexistencia de
ansiedad y depresión.
4. Impacto académico y social: repercusiones en rendimiento escolar, relaciones
interpersonales y adaptación social.
5. Estrategias de prevención e intervención: programas educativos, psicoeducativos,
apoyo psicológico y acciones preventivas implementadas en el contexto escolar.
6. Evaluación de la calidad metodológica:
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Se evaluó la calidad de los estudios incluidos mediante listas de verificación adaptadas a
cada tipo de diseño: estudios observacionales, ensayos clínicos y revisiones sistemáticas.
Esto permitió identificar limitaciones metodológicas, riesgo de sesgo y confiabilidad de
los resultados reportados.
Análisis y síntesis final
Los resultados se integraron en un análisis temático, relacionando la evidencia científica
con las categorías de análisis definidas. Esta síntesis permitió elaborar conclusiones
robustas sobre la prevalencia, los factores de riesgo, la comorbilidad y las estrategias de
intervención para la ansiedad y depresión en los escolarizados.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Prevalencia de ansiedad y depresión en adolescentes escolarizados
La revisión sistemática de 115 estudios indicó que la prevalencia de ansiedad y depresión
en escolarizados es considerablemente elevada, variando según el contexto geográfico, el
instrumento de medición y las características sociodemográficas de la población
estudiada. La evidencia reporta que entre 20% y 30% de los presentan síntomas
clínicamente significativos de ansiedad o depresión, mientras que algunos estudios
encuentran cifras aún mayores en contextos específicos, como entornos urbanos de alta
presión académica o zonas afectadas por violencia social (Jörns-Presentati et al., 2021;
Högberg, 2021).
En términos de ansiedad, los síntomas más comunes incluyen temores ante evaluaciones
académicas, preocupación constante por el desempeño escolar y ansiedad social frente a
pares y docentes (Putwain et al., 2010). En el caso de la depresión, los pacientes reportan
principalmente apatía, desmotivación, tristeza persistente y alteraciones del sueño,
afectando directamente su rendimiento académico y su interacción social (Lewinsohn et
al., 1998).
Un aspecto importante identificado en los estudios es la variabilidad cultural y regional.
Por ejemplo, en países asiáticos como India y China, la prevalencia reportada de
depresión alcanza hasta el 40%, mientras que en algunos países europeos oscila alrededor
del 15%-25% (Ramirez et al., 2014). Esta heterogeneidad puede atribuirse a diferencias
en la percepción social de la salud mental, el acceso a recursos psicológicos y la forma de
evaluación empleada.
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Los hallazgos también revelan diferencias significativas por género, con mujeres
reportando niveles más altos de ansiedad y depresión que sus pares masculinos (Salk et
al., 2017). Esta tendencia se explica parcialmente por factores biológicos hormonales,
presión social, expectativas académicas y roles de género internalizados que aumentan la
vulnerabilidad emocional.
La discusión teórica de estos resultados se conecta con los modelos biopsicosociales de
la adolescencia. Según Costello et al. (2011), la interacción entre predisposición genética,
factores neurobiológicos y demandas ambientales explica la elevada prevalencia de estos
trastornos. La escuela actúa como un factor modulador: entornos de alta presión
académica o con escaso apoyo psicosocial pueden aumentar la probabilidad de síntomas,
mientras que un clima escolar positivo y programas de prevención contribuyen a
disminuirlos (Greenberg et al., 2017).
La evidencia sugiere que la prevalencia reportada probablemente subestima el problema
real, debido al estigma, la falta de reconocimiento de síntomas y la ausencia de
instrumentos de evaluación estandarizados en algunos contextos (Costello et al., 2011;
rns-Presentati et al., 2021). Por ello, se resalta la importancia de integrar programas
sistemáticos de detección temprana y herramientas de cribado confiables para identificar
en riesgo antes de que los síntomas se cronifiquen y afecten su desarrollo integral.
Los resultados de prevalencia confirman que la ansiedad y la depresión son problemas de
salud mental altamente relevantes en la adolescencia escolarizada, con implicaciones
profundas para la educación y la salud pública. La literatura respalda que la atención
temprana, la intervención psicoeducativa y el fortalecimiento de factores protectores en
el ámbito escolar son estrategias fundamentales para mitigar su impacto.
Factores de riesgo asociados con ansiedad y depresión
El análisis de los estudios seleccionados reveló que los factores de riesgo para ansiedad
y depresión en escolarizados son multifactoriales, involucrando dimensiones
individuales, familiares, escolares y socioculturales. Esta perspectiva integral permite
comprender la complejidad de los trastornos emocionales y fundamenta el diseño de
intervenciones eficaces.
Factores individuales
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A nivel individual, los hallazgos indican que la vulnerabilidad genética, la baja
autoestima, la dificultad en la regulación emocional y rasgos de personalidad como
neuroticismo incrementan el riesgo de ansiedad y depresión (Costello et al., 2011). La
literatura también destaca que aquellos con antecedentes de experiencias adversas
tempranas, como abuso o negligencia, presentan mayor probabilidad de desarrollar
síntomas ansiosos o depresivos en la escuela.
Los estudios enfatizan que la adolescencia es una etapa de desarrollo emocional intenso,
donde la construcción de identidad y la búsqueda de aceptación social son críticas. La
incapacidad de afrontar estas demandas contribuye al estrés crónico y la internalización
de emociones negativas, favoreciendo la aparición de trastornos emocionales (Lazarus &
Folkman, 1984).
Factores familiares
La familia es un componente central del contexto de riesgo. La presencia de conflictos
familiares, falta de apoyo afectivo, disfunción parental o antecedentes de trastornos
mentales en la familia se asocia con niveles más elevados de ansiedad y depresión
(Costello et al., 2011). Por ejemplo, los estudios muestran que cuyos padres presentan
patrones de comportamiento controladores o negligentes tienen dificultades para
desarrollar estrategias de afrontamiento adaptativas, lo que incrementa su vulnerabilidad
emocional.
Factores escolares
El ámbito escolar constituye un determinante crítico de riesgo. La presión académica
constante, la competencia entre pares, la evaluación estandarizada y el bullying son
factores recurrentes en la literatura (Zhao et al., 2023). La ansiedad ante exámenes, el
miedo al fracaso y la percepción de incapacidad académica se vinculan directamente con
síntomas ansiosos, mientras que la desmotivación y la falta de reconocimiento pueden
favorecer la depresión.
Un hallazgo relevante es que la escuela puede actuar como protector o riesgo,
dependiendo del clima escolar. Instituciones que promueven relaciones positivas,
inclusión y programas socioemocionales tienden a mitigar la aparición de síntomas,
mientras que ambientes conflictivos o competitivos la exacerban (Greenberg et al., 2017).
Factores socioculturales
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Las diferencias culturales y socioeconómicas también influyen en la aparición de
ansiedad y depresión. que enfrentan discriminación, exclusión social, violencia
comunitaria o precariedad económica presentan mayor vulnerabilidad (Jörns-Presentati
et al., 2021). La pandemia de COVID-19 evidenció que situaciones de aislamiento social,
incertidumbre y cambios abruptos en la rutina escolar aumentaron significativamente los
factores de riesgo asociados a trastornos emocionales (Racine et al., 2021).
En términos teóricos, estos hallazgos se alinean con el modelo ecológico de
Bronfenbrenner, que enfatiza la interacción entre el individuo y múltiples niveles de
contexto (microsistema familiar, mesosistema escolar y macrosistema sociocultural)
como determinantes del bienestar emocional.
La identificación de factores de riesgo resalta la necesidad de intervenciones
multicomponentes, que incluyen fortalecimiento de habilidades socioemocionales,
programas de prevención de bullying, apoyo familiar y promoción de entornos escolares
positivos. La literatura indica que la atención a estos factores reduce la incidencia y
gravedad de los síntomas, y mejora la resiliencia y la adaptación académica y social de
los (Greenberg et al., 2017; Putwain et al., 2010).
Los factores de riesgo para ansiedad y depresión en los escolarizados son
interdependientes y contextuales, lo que exige enfoques integrales de prevención y
detección temprana que involucren tanto la escuela como la familia y la comunidad.
Manifestaciones y comorbilidad de ansiedad y depresión
Los estudios incluidos en esta revisión muestran que la ansiedad y la depresión en
escolarizados no solo se presentan de manera individual, sino que con frecuencia
coexisten, generando un patrón de comorbilidad que agrava la severidad de los síntomas
y aumenta el riesgo de consecuencias negativas a largo plazo (Kessler et al., 2005). La
comprensión de estas manifestaciones es crucial para el desarrollo de intervenciones
efectivas, dado que los síntomas pueden afectar múltiples dimensiones del
funcionamiento adolescente, desde la regulación emocional hasta la interacción social y
el desempeño académico.
Manifestaciones clínicas y conductuales
En el caso de la ansiedad, los estudios reportan manifestaciones como preocupación
excesiva, tensión muscular, inquietud, temor a evaluaciones, evitación social y
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dificultades de concentración (Putwain et al., 2010). Estas manifestaciones pueden variar
en intensidad según factores individuales, familiares y escolares. Por ejemplo, con alta
presión académica presentan síntomas más marcados durante exámenes o actividades de
evaluación, mientras que aquellos con experiencias de acoso escolar pueden manifestar
ansiedad social generalizada.
En cuanto a la depresión, los síntomas más reportados incluyen tristeza persistente,
pérdida de interés en actividades escolares y sociales, apatía, fatiga, alteraciones del sueño
y cambios en el apetito (Lewinsohn et al., 1998). La depresión también se asocia con baja
autoestima, sentimientos de inutilidad y pensamientos negativos recurrentes, afectando
directamente la motivación y la participación escolar.
Comorbilidad entre ansiedad y depresión
La evidencia indica que la comorbilidad entre ansiedad y depresión es frecuente en, con
tasas que oscilan entre 25% y 50% dependiendo del contexto y del instrumento de
evaluación utilizado (Kessler et al., 2005; Högberg, 2021). Esta coexistencia es
clínicamente relevante, ya que incrementa la severidad de los síntomas, complica el
diagnóstico y limita la efectividad de las intervenciones tradicionales orientadas a un solo
trastorno. Por ejemplo, un adolescente con ansiedad y depresión puede experimentar
simultáneamente preocupación excesiva, fatiga y desmotivación, lo que genera un
deterioro más profundo de la funcionalidad académica y social (Ramirez et al., 2014).
La literatura teórica sugiere que la comorbilidad se explica por mecanismos
neurobiológicos compartidos, como la disfunción en la regulación de neurotransmisores
(serotonina, dopamina y norepinefrina) y la hipersensibilidad del eje HPA (hipotálamo-
pituitaria-adrenal) frente al estrés (Costello et al., 2011). Desde un enfoque psicológico,
los con baja resiliencia, estilos de afrontamiento inadecuados y exposición a factores
estresantes prolongados son más propensos a desarrollar ambos trastornos de manera
simultánea (Lazarus & Folkman, 1984).
Impacto de las manifestaciones y la comorbilidad
La coexistencia de ansiedad y depresión genera interferencias significativas en la vida
cotidiana del adolescente. Estudios reportan que estos jóvenes presentan mayor
absentismo escolar, menor participación en actividades extracurriculares, dificultades de
interacción social y problemas de concentración, lo que repercute en su rendimiento
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académico y en su bienestar general (Kessler et al., 2005). La comorbilidad aumenta el
riesgo de ideación suicida, conductas autolesivas y trastornos psiquiátricos en la adultez,
subrayando la necesidad de detección temprana y atención integral (Kessler et al., 2005).
Desde la perspectiva teórica, estos hallazgos respaldan modelos biopsicosociales y
ecológicos que consideran la interacción entre predisposición biológica, factores
psicológicos individuales y contexto social y escolar (Bronfenbrenner, 1979; Costello et
al., 2011). La evidencia también sugiere que los programas escolares deben abordar de
manera simultánea la ansiedad y la depresión, promoviendo habilidades
socioemocionales, resiliencia y estrategias de afrontamiento adaptativas. La
identificación de síntomas y comorbilidad debe ser integral, utilizando instrumentos
estandarizados y observaciones conductuales, dado que los con síntomas mixtos
presentan patrones complejos que pueden pasar desapercibidos en evaluaciones
superficiales (Putwain et al., 2010).
La categoría de manifestaciones y comorbilidad evidencia que la ansiedad y la depresión
en escolarizados son fenómenos interrelacionados, con efectos profundos en la
funcionalidad emocional, social y académica, lo que enfatiza la necesidad de
intervenciones integrales y contextualmente adaptadas.
Impacto académico y social
La ansiedad y la depresión en los escolarizados ejercen un impacto directo y significativo
sobre el rendimiento académico, la participación social y la integración emocional de los
estudiantes. La revisión de la literatura evidencia que estos trastornos generan
interferencias en múltiples dimensiones del desarrollo adolescente, comprometiendo
tanto su desempeño educativo como su bienestar psicológico (Högberg, 2021).
Impacto académico
Los con ansiedad presentan dificultades en concentración, memoria y desempeño en
evaluaciones, especialmente cuando la ansiedad se relaciona con temores específicos a
exámenes, presentación oral o desempeño frente a pares (Putwain et al., 2010). La
literatura muestra que los síntomas ansiosos están asociados con estrategias de evitación,
como ausentismo escolar y procrastinación, que disminuyen la exposición a experiencias
de aprendizaje y afectan la consolidación de conocimientos (Kearney et al., 2023).
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La depresión, por su parte, se asocia con baja motivación, apatía y desinterés, lo que
genera un descenso significativo en el rendimiento académico. Los estudios reportan que
los estudiantes deprimidos presentan dificultades para completar tareas, mantener la
atención y participar en actividades escolares, afectando sus calificaciones y su
permanencia en la institución (Kessler et al., 2005).
Cuando coexisten ansiedad y depresión, los efectos son multiplicativos, generando
deterioro académico más profundo. Presentan baja autoeficacia, desorganización y fatiga
mental, lo que incrementa el riesgo de fracaso escolar y abandono prematuro (Kessler et
al., 2005).
Impacto social
A nivel social, la ansiedad y la depresión afectan la interacción con pares y docentes,
limitando la participación en actividades grupales y reduciendo la red de apoyo social.
Los con ansiedad social tienden a evitar interacciones, mientras que aquellos con
depresión muestran retraimiento y aislamiento (Salk et al., 2017). Esta combinación
genera un círculo de exclusión social que puede perpetuar los síntomas emocionales y
dificultar el desarrollo de competencias socioemocionales.
La literatura también resalta que la presión por cumplir expectativas académicas y
sociales contribuye a sentimientos de incompetencia y frustración, que retroalimentan la
ansiedad y la depresión (Högberg, 2021). Los entornos escolares poco inclusivos o
competitivos amplifican estas dificultades, mientras que los programas de mentoría,
apoyo socioemocional y desarrollo de habilidades de afrontamiento promueven
resiliencia y bienestar (Greenberg et al., 2017).
El impacto académico y social de la ansiedad y la depresión puede explicarse desde la
teoría del estrés y afrontamiento (Lazarus & Folkman, 1984), que sostiene que la
percepción de demandas superiores a los recursos individuales genera respuestas
emocionales y cognitivas negativas. El modelo ecológico de Bronfenbrenner enfatiza
cómo la interacción entre individuo y contextos (familia, escuela, comunidad) determina
la funcionalidad social y académica (Bronfenbrenner, 1979).
Los hallazgos sugieren que la intervención debe ser multinivel, abordando tanto las
necesidades individuales como las condiciones del entorno escolar. Esto incluye
estrategias para mejorar habilidades de regulación emocional, programas de prevención
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de bullying, y políticas que reduzcan la presión académica excesiva y promuevan la
inclusión.
El impacto académico y social de la ansiedad y la depresión es profundo y
multidimensional, afectando la trayectoria educativa, las relaciones interpersonales y la
construcción de identidad de los, lo que enfatiza la urgencia de intervenciones preventivas
y programas de apoyo en el contexto escolar.
Estrategias de prevención e intervención
La literatura analizada destaca que estrategias de prevención e intervención en el ámbito
escolar son fundamentales para mitigar la ansiedad y la depresión en. Estas estrategias
incluyen programas psicoeducativos, fortalecimiento de habilidades socioemocionales,
asesoramiento psicológico y creación de un clima escolar inclusivo y protector
(Greenberg et al., 2017).
Programas psicoeducativos y habilidades socioemocionales
Los programas basados en el desarrollo de habilidades socioemocionales, como
regulación emocional, resolución de conflictos, comunicación asertiva y manejo del
estrés, se han mostrado efectivos para reducir ntomas de ansiedad y depresión. Por
ejemplo, intervenciones tipo Mindfulness, CBT escolar y talleres de resiliencia han
reportado mejoras significativas en autoestima, manejo de emociones y desempeño
académico (Zenner et al., 2014; Greenberg et al., 2017).
Detección temprana y consejería escolar
El cribado sistemático mediante cuestionarios estandarizados y observación docente
permite identificar en riesgo antes de que los síntomas se cronifiquen. La consejería
escolar y la atención psicológica individualizada facilitan la intervención temprana,
mejorando la adherencia al tratamiento y promoviendo estrategias de afrontamiento
adaptativas (Jörns-Presentati et al., 2021).
Intervenciones familiares y comunitarias
El involucramiento de la familia y la comunidad refuerza la efectividad de las
intervenciones escolares. Programas de educación parental, sesiones de orientación y
participación comunitaria contribuyen a crear un entorno de apoyo que disminuye los
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factores de riesgo y fortalece los recursos protectores del adolescente (Greenberg et al.,
2017).
Desde la perspectiva teórica, estas estrategias se sustentan en modelos preventivos y
ecológicos, que consideran tanto la vulnerabilidad individual como las condiciones del
entorno escolar y familiar (Bronfenbrenner, 1979; Greenberg et al., 2017). La evidencia
indica que la combinación de programas preventivos universales y medidas de
intervención selectiva es más efectiva que intervenciones aisladas, promoviendo bienestar
emocional y rendimiento académico sostenido.
Las estrategias de prevención e intervención constituyen un pilar fundamental para
reducir la prevalencia y severidad de ansiedad y depresión en escolarizados, siendo
indispensable su implementación sistemática en políticas educativas y programas
escolares.
Tabla 1: Síntesis principales hallazgos
CATEGORÍA
DE ANÁLISIS
PRINCIPALES
HALLAZGOS
IMPLICACIONES
TEÓRICAS Y
PRÁCTICAS
REFERENCIAS
CLAVE
Prevalencia de
ansiedad y
depresión
- Entre 20%-30% de los
adolescentes presentan
síntomas clínicamente
significativos.
- Variaciones según
región, género y contexto
socioeconómico.
- Mujeres adolescentes
presentan mayor
prevalencia.
- Confirma la alta
relevancia de los
trastornos emocionales
en adolescentes
escolarizados.
- La escuela y el contexto
familiar influyen en la
prevalencia.
- Necesidad de detección
temprana y programas
preventivos.
Jörns-Presentati et
al., 2021;
Högberg, 2021;
Ramirez et al.,
2014; Salk et al.,
2017
Factores de
riesgo
- Factores individuales:
baja autoestima,
neuroticismo, dificultades
en regulación emocional,
antecedentes adversos.
- Factores familiares:
conflictos, disfunción
parental, antecedentes de
trastornos mentales.
- Factores escolares:
presión académica,
bullying, competencia
social.
- La ansiedad y depresión
son multifactoriales y
requieren un abordaje
integral.
- Intervenciones deben
involucrar escuela,
familia y comunidad.
- Apoyo psicoeducativo y
fortalecimiento de
resiliencia son esenciales.
Costello et al.,
2011; Lazarus &
Folkman, 1984;
Greenberg et al.,
2017; Zhao et al.,
2023; Racine et
al., 2021
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CATEGORÍA
DE ANÁLISIS
PRINCIPALES
HALLAZGOS
IMPLICACIONES
TEÓRICAS Y
PRÁCTICAS
REFERENCIAS
CLAVE
Manifestaciones
y comorbilidad
-Ansiedad: preocupación
excesiva, tensión,
evitación social,
dificultades de
concentración.
-Depresión: tristeza
persistente, apatía, fatiga,
alteraciones del sueño y
apetito.
-Comorbilidad: 25%-50%
de adolescentes presentan
ambos trastornos
simultáneamente.
-La coexistencia de
ansiedad y depresión
agrava la severidad de
los síntomas.
- La detección requiere
evaluación integral y
herramientas
estandarizadas.
- Intervenciones deben
abordar ambos trastornos
de manera simultánea.
Kessler et al.,
2005; Ramirez et
al., 2014; Putwain
et al., 2010;
Costello et al.,
2011
Impacto
académico y
social
-Reducción de
concentración, memoria y
rendimiento en
evaluaciones.
-Ausentismo escolar,
desmotivación y bajo
desempeño.
-Retraimiento social,
dificultades en relaciones
interpersonales y
exclusión.
- El impacto académico y
social evidencia la
necesidad de programas
preventivos en la escuela.
-Mejorar habilidades
socioemocionales y
promover inclusión
escolar son estrategias
clave.
Högberg, 2021;
Greenberg et al.,
2017; Putwain et
al., 2010
Estrategias de
prevención e
intervención
-Programas
socioemocionales:
Mindfulness, CBT,
resiliencia y habilidades
de afrontamiento.
-Detección temprana
mediante cribado y
consejería escolar.
- Participación familiar y
comunitaria fortalece
resultados.
-Intervenciones
multicomponentes y
contextualmente
adaptadas son más
efectivas.
-La combinación de
prevención universal y
selectiva mejora el
bienestar emocional y
rendimiento académico.
- La escuela debe ser un
espacio protector y
facilitador del desarrollo
integral.
Greenberg et al.,
2017; Zenner et
al., 2014; Jörns-
Presentati et al.,
2021
Fuente: Elaboración propia
CONCLUSIONES
El presente estudio de revisión sistemática, desarrollado bajo la metodología PRISMA
2020, permitió analizar la literatura científica más relevante sobre ansiedad y depresión
en escolarizados, proporcionando un panorama integral de su prevalencia, factores de
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riesgo, manifestaciones, comorbilidad, impactos académicos y sociales, así como
estrategias de prevención e intervención. Los hallazgos evidencian que estos trastornos
representan un problema de salud mental altamente significativo, con implicaciones
profundas en el desarrollo emocional, social y académico de los, lo que justifica la
necesidad de políticas educativas y programas de intervención específicos en el contexto
escolar.
En términos de prevalencia, la evidencia revisada indica que entre el 20% y 30% de los
escolarizados presentan síntomas clínicamente relevantes de ansiedad o depresión,
mientras que, en contextos particulares, como entornos urbanos de alta presión académica
o comunidades afectadas por violencia, esta cifra puede superar el 40% (Högberg, 2021;
Ramírez et al., 2014; Jörns-Presentati et al., 2021). Estos datos confirman que la ansiedad
y la depresión no son fenómenos aislados, sino trastornos frecuentes y recurrentes que
afectan a un segmento considerable de la población adolescente. La revisión también
evidencia diferencias significativas por género, siendo las mujeres quienes presentan
mayores niveles de ansiedad y depresión, fenómeno que se explica por factores
hormonales, sociales y culturales que intensifican la vulnerabilidad emocional (Salk et
al., 2017). La heterogeneidad en la prevalencia refleja además las diferencias culturales,
socioeconómicas y metodológicas entre estudios, lo que resalta la necesidad de
desarrollar instrumentos de evaluación estandarizados y culturalmente adaptados que
permitan estimaciones más precisas y comparables entre contextos.
La revisión de los factores de riesgo muestra que la ansiedad y la depresión en
escolarizados son condiciones multifactoriales, resultado de la interacción de elementos
individuales, familiares, escolares y socioculturales. A nivel individual, los rasgos de
personalidad como el neuroticismo, la baja autoestima, dificultades en la regulación
emocional y la exposición a experiencias adversas tempranas constituyen elementos
críticos que aumentan la vulnerabilidad emocional (Costello et al., 2011). La familia
también desempeña un papel central: con conflictos familiares, disfunción parental o
antecedentes de trastornos mentales en la familia presentan mayor riesgo de desarrollar
ansiedad y depresión, lo que evidencia la influencia de la socialización y la estructura
familiar en el bienestar emocional.
El contexto escolar emerge como un determinante clave en la aparición y mantenimiento
de los síntomas. La presión académica constante, la competencia entre pares, el acoso
escolar y la falta de apoyo docente se relacionan directamente con mayores niveles de
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ansiedad y depresión, mientras que un clima escolar inclusivo, con programas de apoyo
socioemocional y relaciones positivas entre estudiantes y docentes, funciona como un
factor protector (Greenberg et al., 2017; Zhao et al., 2023). A nivel sociocultural, la
exposición a violencia, discriminación, precariedad económica y situaciones
excepcionales como la pandemia de COVID-19 incrementan significativamente los
factores de riesgo, mostrando que los trastornos emocionales deben ser comprendidos
desde un enfoque ecológico y contextual, considerando la interacción entre individuo y
entorno (Bronfenbrenner, 1979; Racine et al., 2021).
En cuanto a las manifestaciones y comorbilidad, los estudios indican que la ansiedad y la
depresión presentan síntomas que afectan simultáneamente aspectos cognitivos,
emocionales y conductuales. La ansiedad se manifiesta principalmente como
preocupación excesiva, tensión, inquietud, evitación social y dificultades de
concentración, mientras que la depresión se observa a través de tristeza persistente, apatía,
desmotivación, alteraciones del sueño y cambios en el apetito (Lewinsohn et al., 1998;
Putwain et al., 2010). La comorbilidad entre ambos trastornos es frecuente, alcanzando
tasas entre 25% y 50%, y se asocia con un incremento de la severidad de los síntomas y
mayor impacto en la funcionalidad académica y social (Kessler et al., 2005; Högberg,
2021). Desde una perspectiva neurobiológica, esta coexistencia puede explicarse por
alteraciones en neurotransmisores como serotonina y dopamina y por hipersensibilidad al
estrés, mientras que, desde un enfoque psicológico, estilos de afrontamiento inadecuados
y baja resiliencia potencian la vulnerabilidad (Costello et al., 2011; Lazarus & Folkman,
1984).
El impacto académico y social de la ansiedad y la depresión es profundo y
multidimensional. Los síntomas generan dificultades en concentración, memoria,
organización y desempeño en evaluaciones, aumentando el absentismo escolar y la
desmotivación (Högberg, 2021; Putwain et al., 2010). Socialmente, presentan
retraimiento, aislamiento, conflictos con pares y limitación en la participación en
actividades grupales, lo que puede perpetuar la exclusión y el malestar emocional (Salk
et al., 2017). Esta evidencia resalta la necesidad de intervenciones que no solo abordan
los síntomas individuales, sino que también promuevan un entorno escolar inclusivo y
protector, donde se fomenten relaciones positivas y se reduzcan factores de estrés
académicos y sociales.
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La revisión también identificó diversas estrategias de prevención e intervención
implementadas en contextos escolares. Los programas de habilidades socioemocionales,
como Mindfulness, Cognitive Behavioral Therapy (CBT) escolar, talleres de resiliencia
y manejo de estrés, han demostrado eficacia en la reducción de síntomas y el
fortalecimiento de la regulación emocional y la autoestima (Zenner et al., 2014;
Greenberg et al., 2017). La detección temprana mediante cuestionarios estandarizados y
la consejería escolar individualizada permiten identificar en riesgo, facilitando la
intervención antes de que los síntomas se cronifiquen. La participación activa de la
familia y la comunidad potencia la efectividad de estas estrategias, fortaleciendo redes de
apoyo y recursos protectores (Jörns-Presentati et al., 2021). La evidencia teórica sugiere
que los programas multicomponentes, que combinan prevención universal con
intervenciones selectivas, son más efectivos que las acciones aisladas, ya que abordan
tanto la vulnerabilidad individual como las condiciones contextuales que influyen en el
bienestar emocional.
La integración de todos estos hallazgos permite extraer varias implicaciones teóricas y
prácticas. Primero, confirma la relevancia de modelos biopsicosociales y ecológicos para
comprender la ansiedad y la depresión en, considerando la interacción entre
predisposición individual, factores familiares, escolares y socioculturales. Segundo,
evidencia que la comorbilidad y la diversidad de manifestaciones requieren instrumentos
de evaluación estandarizados y estrategias de intervención integrales, que aborden
simultáneamente los múltiples síntomas y dimensiones afectadas. Tercero, la alta
prevalencia y el impacto académico y social de estos trastornos justifican la
implementación sistemática de políticas educativas y programas de prevención que
incluyan entrenamiento socioemocional, detección temprana, apoyo psicosocial y
participación familiar.
Finalmente, esta revisión subraya que la salud mental adolescente es un componente
esencial del desarrollo integral y de la educación inclusiva, y que la escuela debe ser
concebida como un espacio protector y promotor de bienestar emocional. Las estrategias
de prevención e intervención deben ser sostenidas, adaptadas culturalmente y evaluadas
periódicamente para garantizar su efectividad. Los hallazgos también sugieren la
necesidad de futuras investigaciones longitudinales que permitan comprender la
evolución de la ansiedad y la depresión a lo largo de la adolescencia, así como estudios
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comparativos entre diferentes contextos socioculturales y educativos para optimizar las
intervenciones.
La ansiedad y la depresión en los escolarizados constituyen un desafío multidimensional
que afecta la salud mental, el rendimiento académico y las relaciones sociales. La
evidencia científica revisada confirma la necesidad de un abordaje integral, que combine
prevención, detección temprana, intervención escolar, familiar y comunitaria, y
promoción de un clima socioemocional positivo. Atender estas necesidades no solo
mejora la calidad de vida de los niños, sino que también fortalece su trayectoria educativa,
su desarrollo social y su capacidad de adaptación a los desafíos de la vida adulta.
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