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Influencers y Consumo Cultural Juvenil
Influencers and Youth Cultural Consumption
Matías Ezequiel Pereyra Acosta
matiaspereyraa@yahoo.com
https://orcid.org/0009-0002-7650-0688
Universidad Nacional de Rafaela
Argentina
Artículo recibido: 14/09/2023
Aceptado para publicación: 23/10/2023
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
El presente artículo de revisión tiene como objetivo analizar el papel de los
influencers en el consumo cultural juvenil, identificando sus mecanismos de influencia,
impacto en identidad y gustos, lógicas comerciales, y riesgos y oportunidades educativas.
La revisión adoptó un enfoque narrativo e integrador, mediante la identificación,
selección y análisis temático de literatura académica y marcos teóricos relacionados con
la mediación cultural digital en contextos juveniles. Se organizaron los hallazgos en siete
categorías analíticas: conceptualización del influencer, plataformas y ecosistemas
digitales, dimensiones del consumo cultural juvenil, mecanismos de influencia y
persuasión, impacto en identidad y construcción del gusto, lógicas comerciales y
contenido patrocinado, y riesgos y oportunidades educativas. Los resultados evidencian
que los influencers funcionan como mediadores culturales activos, cuya autoridad se basa
en autenticidad percibida, relaciones parasociales y visibilidad algorítmica,
transformando las prácticas de consumo cultural en procesos participativos y
performativos. Se observan tensiones entre homogeneización y diversificación cultural,
mercantilización de la autenticidad y oportunidades educativas para fomentar la
alfabetización mediática. En conjunto, el estudio concluye que los influencers son actores
centrales en la configuración de preferencias, estilos y prácticas culturales juveniles, con
implicaciones significativas para investigación, educación y políticas de mediación
cultural en entornos digitales.
Palabras Clave: influencers; consumo cultural; juventud
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ABSTRACT
This review article aims to analyze the role of influencers in youth cultural
consumption, identifying their mechanisms of influence, impact on identity and
preferences, commercial logics, and educational risks and opportunities. The review
adopted a narrative, integrative approach, through the identification, selection, and
thematic analysis of academic literature and theoretical frameworks related to digital
cultural mediation in youth contexts. The findings were organized into seven analytical
categories: conceptualization of the influencer, digital platforms and ecosystems,
dimensions of youth cultural consumption, influence and persuasion mechanisms, impact
on identity and taste construction, commercial logics and sponsored content, and
educational risks and opportunities. Results show that influencers act as active cultural
mediators, whose authority is based on perceived authenticity, parasocial relationships,
and algorithmic visibility, transforming cultural consumption practices into participatory
and performative processes. Additionally, tensions between cultural homogenization and
diversification, the commodification of authenticity, and educational opportunities for
media literacy are observed. Overall, the study concludes that influencers are central
actors in shaping preferences, styles, and youth cultural practices, with significant
implications for research, education, and cultural mediation policies in digital
environments.
Keywords: influencers; cultural consumption; youth
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INTRODUCCIÓN
La expansión de las tecnologías digitales y de las plataformas de redes sociales ha
transformado profundamente las formas de interacción social, producción simbólica y
consumo cultural, especialmente entre la población juvenil. El ecosistema mediático ha
migrado de modelos centralizados de difusión hacia entornos participativos, interactivos
y algorítmicamente mediados, donde los usuarios no solo consumen contenidos, sino que
también los producen y circulan. En este contexto emergen los influencers como actores
clave en la configuración de tendencias, prácticas culturales y decisiones de consumo,
operando en plataformas como Instagram, Tik Tok, YouTube y Twitch y desempeñando
un papel relevante en la construcción de gustos, identidades y estilos de vida juveniles
(Jenkins, 2009; Abidin, 2016). A diferencia de las celebridades tradicionales, cuya
notoriedad proviene de industrias como el cine o la música, los influencers construyen su
legitimidad a partir de la proximidad percibida, la autenticidad narrativa y la interacción
constante con sus seguidores, en un fenómeno que se relaciona con la cultura participativa
y la economía de la atención, donde la visibilidad y el engagement se convierten en capital
simbólico y económico. La influencia digital se sustenta en relaciones parasociales
intensificadas y en la percepción de cercanía, lo que incrementa su impacto en públicos
jóvenes (Senft, 2013; Khamis et al., 2017).
El consumo cultural juvenil ha sido ampliamente estudiado desde perspectivas
sociológicas y comunicacionales como un espacio de construcción de identidad,
pertenencia y diferenciación social, que incluye no sólo la adquisición de bienes
materiales, sino también la apropiación de contenidos simbólicos, narrativas, estéticas y
repertorios de significado. La juventud, como grupo social altamente conectado, se sitúa
en el centro de estas transformaciones, adoptando tempranamente formatos, lenguajes y
tendencias emergentes (Bennett, 2011; García Canclini, 2001). Desde la teoría del capital
cultural, el consumo cultural ha sido interpretado como un mecanismo de reproducción y
distinción social; en los entornos digitales, sin embargo, se observan dinámicas más
híbridas, donde coexisten procesos de democratización del acceso con nuevas formas de
jerarquización simbólica. Los influencers contribuyen a redefinir qué prácticas culturales
adquieren prestigio dentro de comunidades juveniles específicas, generando micro
campos de legitimidad en los que el capital cultural digital se construye no solo por el
acceso al contenido, sino por la capacidad de interpretarlo, crearlo y compartirlo
estratégicamente en red (Bourdieu, 1984; Thornton, 1995).
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Las redes sociales han redefinido los procesos de socialización cultural al introducir
dinámicas de recomendación horizontal y microsegmentación de audiencias. Los
influencers funcionan como curadores culturales que filtran, interpretan y recomiendan
productos culturales (música, moda, literatura, audiovisuales, videojuegos y estilos de
vida) a comunidades específicas, en una mediación que no es neutral, sino que responde
a lógicas comerciales, métricas de rendimiento y estrategias de marca personal. La
literatura indica que la autoridad cultural se ha desplazado parcialmente de instituciones
tradicionales hacia figuras digitales con alta capacidad de conexión emocional con sus
seguidores, particularmente en segmentos juveniles (Marwick, 2015; Hou, 2019).
El fenómeno influencer se inserta en la economía de la reputación y la auto-presentación
estratégica en línea. La marca personal se convierte en un activo central, y los creadores
de contenido desarrollan narrativas de autenticidad calculada que combinan
espontaneidad y planificación; esta performance identitaria impacta en la forma en que
los jóvenes perciben modelos de éxito, estilos de vida aspiracionales y patrones de
consumo, generando procesos de identificación y comparación social mediados
tecnológicamente (Goffman, 1959; Marwick & boyd, 2011). Diversas investigaciones
muestran que los jóvenes tienden a otorgar altos niveles de credibilidad a los influencers
cuando perciben coherencia entre su estilo de vida, sus valores expresados y sus
recomendaciones, lo que se traduce en capacidad de persuasión sobre decisiones de
consumo cultural. La publicidad integrada y el contenido patrocinado se presentan
frecuentemente en formatos narrativos que difuminan la frontera entre recomendación
genuina y estrategia comercial, lo que plantea desafíos éticos y regulatorios en los que la
transparencia publicitaria y la alfabetización mediática se vuelven factores críticos
(Freberg et al., 2011; Evans et al., 2017).
El consumo cultural juvenil mediado por influencers también se relaciona con la lógica
de los prosumidores, donde los jóvenes no solo consumen contenidos recomendados, sino
que los reinterpretan y redistribuyen mediante prácticas de remix, reacción, reseña y
recreación que fortalecen comunidades interpretativas y generan marcos de interpretación
colectiva (Jenkins et al., 2013; Burgess & Green, 2018). A esta dimensión participativa
se suma la dimensión algorítmica: los sistemas de recomendación priorizan contenidos
con alto nivel de interacción, lo que amplifica la visibilidad de ciertos influencers y estilos
culturales sobre otros y produce efectos de concentración de atención y posibles burbujas
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culturales. Los algoritmos no solo organizan la información, sino que influyen
activamente en la formación de gustos y preferencias (Striphas, 2015; Gillespie, 2018).
La dimensión identitaria del consumo cultural juvenil en redes sociales es igualmente
significativa: los jóvenes utilizan referentes digitales para explorar y expresar identidades
de género, estéticas, musicales y políticas, y los influencers ofrecen modelos narrativos
de identidad que pueden ser adoptados, adaptados o resistidos por sus seguidores,
contribuyendo a comunidades de afinidad basadas en intereses culturales compartidos
(boyd, 2014; Buckingham, 2008). En el ámbito educativo, este impacto ha comenzado a
analizarse en relación con la alfabetización mediática y digital: comprender cómo operan
las estrategias de persuasión, la economía de la atención y la construcción de autoridad
en línea resulta fundamental para desarrollar competencias críticas que reduzcan la
vulnerabilidad a la persuasión encubierta y fortalezcan la autonomía cultural
(Livingstone, 2004; Kellner & Share, 2007).
El fenómeno influencer presenta además desigualdades de género, clase y geografía en
términos de visibilidad y monetización: las plataformas no son espacios neutrales, sino
estructurados por lógicas económicas y culturales que favorecen ciertos perfiles y
narrativas, y que pueden reproducir estereotipos y mercantilizar la vida cotidiana (Duffy,
2017; Banet-Weiser, 2012). Su estudio ha sido abordado mediante enfoques mixtos que
incluyen análisis de contenido, etnografía digital, análisis de redes y estudios de
recepción, reflejando la necesidad de aproximaciones interdisciplinarias que integren
comunicación, sociología, estudios culturales y economía digital; las revisiones de
literatura muestran además un crecimiento sostenido de publicaciones sobre influencia
digital en la última década, lo que evidencia su relevancia académica y social (Abidin,
2018; Hou, 2019).
En este marco, resulta pertinente desarrollar una revisión narrativa y analítica sobre la
relación entre influencers y consumo cultural juvenil, con el fin de integrar hallazgos
dispersos, identificar tendencias teóricas y metodológicas, y reconocer vacíos de
investigación. Comprender cómo operan los procesos de influencia cultural en entornos
digitales contribuye no solo al campo académico, sino también al diseño de políticas
educativas, estrategias de alfabetización mediática y marcos regulatorios, permitiendo
analizar críticamente las tensiones entre creatividad, participación y comercialización en
la cultura digital juvenil (Jenkins et al., 2016; Livingstone & Third, 2017). El estudio de
los influencers como mediadores del consumo cultural juvenil se sitúa así en la
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intersección entre cultura, tecnología y mercado: examinar críticamente sus efectos sobre
la juventud, en un entorno donde la influencia se ha convertido en una forma de capital,
resulta una tarea prioritaria para la investigación contemporánea (Khamis et al., 2017;
Abidin & Ots, 2016).
Contexto y Relevancia del Estudio
La relevancia de este estudio radica en que los influencers se han consolidado como
agentes de intermediación cultural que inciden en la formación de gustos, preferencias y
repertorios simbólicos juveniles, trascendiendo la promoción comercial para insertarse en
procesos de construcción identitaria y validación social. Desde los estudios culturales y
de comunicación, comprender estas mediaciones resulta fundamental para analizar las
nuevas formas de autoridad cultural y circulación de significados en la era de las
plataformas. El impacto de la influencia digital sobre el consumo cultural juvenil plantea,
además, implicaciones concretas para la alfabetización mediática, la regulación
publicitaria y la educación crítica, lo que refuerza la pertinencia de integrar el
conocimiento disperso sobre el fenómeno en una revisión narrativa.
Fundamentación Teórica
El análisis de la relación entre influencers y consumo cultural juvenil se apoya en diversos
marcos teóricos provenientes de los estudios culturales, la sociología del consumo y la
comunicación digital. Uno de los enfoques centrales es la teoría de la cultura participativa,
que sostiene que las audiencias contemporáneas no son receptores pasivos, sino
participantes activos en la creación y circulación de contenidos. En este marco, los
influencers actúan como nodos de articulación entre producción y consumo, facilitando
procesos de co-creación simbólica y circulación viral de significados culturales (Jenkins
et al., 2013; Burgess & Green, 2018).
Desde la teoría del capital cultural, el consumo cultural se entiende como un mecanismo
de distinción social y posicionamiento simbólico. Bourdieu planteó que los gustos
culturales no son neutros, sino socialmente condicionados y funcionales a la reproducción
de estructuras sociales. En el entorno digital, este capital cultural adquiere nuevas formas,
vinculadas a la visibilidad, la curaduría de contenidos y la competencia interpretativa en
plataformas. Los influencers contribuyen a legitimar ciertos repertorios culturales dentro
de comunidades juveniles específicas, configurando micro jerarquías de valor simbólico
(Bourdieu, 1984; Thornton, 1995).
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Otro marco relevante es la teoría de la auto-presentación y la identidad performativa en
entornos mediados. Desde la perspectiva dramatúrgica, los individuos gestionan su
imagen pública mediante estrategias de representación. En redes sociales, los influencers
desarrollan marcas personales basadas en narrativas de autenticidad, cercanía y
especialización temática. Estas performances identitarias influyen en los seguidores al
ofrecer modelos aspiracionales y guías de consumo cultural asociadas a estilos de vida
específicos (Goffman, 1959; Marwick & boyd, 2011).
La teoría de las relaciones parasociales también aporta elementos explicativos clave. Este
concepto describe vínculos unidireccionales de cercanía emocional que las audiencias
desarrollan con figuras mediáticas. En el entorno de redes sociales, estas relaciones se
intensifican por la interacción directa, la respuesta a comentarios y la exposición cotidiana
de la vida personal del influencer. La literatura muestra que la percepción de intimidad y
accesibilidad incrementa la confianza y la capacidad de influencia sobre decisiones de
consumo, incluyendo bienes culturales y prácticas simbólicas (Senft, 2013; Labrecque,
2014).
Los estudios sobre economía de la atención y plataformas digitales explican cómo los
algoritmos influyen en la visibilidad de contenidos y en la estructuración de la experiencia
cultural. Las plataformas priorizan contenidos con alta interacción, generando dinámicas
de concentración de atención que favorecen a ciertos creadores e invisibilizan a otros.
Esta mediación algorítmica interactúa con la influencia humana para moldear trayectorias
de consumo cultural juvenil, configurando burbujas de exposición y tendencias
aceleradas (Gillespie, 2018; Striphas, 2015).
La perspectiva de la mercantilización de la cultura digital permite comprender cómo la
influencia se integra en modelos de negocio basados en la marca personal y el contenido
patrocinado. Los influencers operan dentro de economías creativas precarizadas, donde
la visibilidad se traduce en oportunidades comerciales. Esta lógica introduce tensiones
entre autenticidad y publicidad, creatividad y monetización, que inciden en la forma en
que se recomiendan y valoran productos culturales entre jóvenes (Banet-Weiser, 2012;
Duffy, 2017).
Problemática
A pesar del crecimiento de la investigación sobre influencers, persisten vacíos
conceptuales y empíricos en la comprensión específica de su impacto en el consumo
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cultural juvenil. Gran parte de los estudios se ha concentrado en el marketing de productos
comerciales, dejando en segundo plano la influencia sobre prácticas culturales,
repertorios simbólicos y procesos de construcción de gusto. Esta limitación impide
comprender de manera integral el rol de los influencers como mediadores culturales y no
solo como promotores de marcas (Abidin, 2018; Hou, 2019).
Otro problema relevante es la difuminación de fronteras entre contenido editorial y
contenido publicitario. En muchos casos, las recomendaciones culturales (libros, música,
series o experiencias) se presentan integradas en narrativas personales sin señalización
clara de patrocinio. Esta situación puede generar confusión en audiencias juveniles
respecto a la intencionalidad del mensaje y afectar su capacidad de evaluación crítica. La
literatura advierte que la publicidad nativa y el marketing de influencia requieren marcos
regulatorios y educativos más sólidos (Evans et al., 2017; Freberg et al., 2011).
También existe preocupación sobre la homogeneización cultural derivada de la lógica
algorítmica y la concentración de visibilidad. Cuando pocos influencers dominan la
atención en determinadas categorías culturales, se reduce la diversidad de
recomendaciones y se refuerzan tendencias dominantes. Esto puede limitar la exploración
cultural juvenil y fortalecer dinámicas de moda efímera y consumo acelerado. Los
estudios sobre plataformas señalan que los algoritmos tienden a amplificar lo popular, no
necesariamente lo diverso o de mayor valor cultural (Gillespie, 2018; Napoli, 2019).
Desde el punto de vista psicosocial, la influencia digital puede incidir en la construcción
identitaria juvenil mediante procesos de comparación social y aspiracionalidad. La
exposición constante a estilos de vida idealizados puede generar presiones simbólicas
sobre consumo, imagen y pertenencia. Si bien los influencers pueden promover
expresiones creativas y comunidades de afinidad, también pueden reproducir estereotipos
y modelos excluyentes. Esta ambivalencia requiere análisis crítico basado en evidencia
empírica (boyd, 2014; Buckingham, 2008).
Metodológicamente, la investigación presenta dispersión de enfoques y falta de
sistematización de resultados. Existen estudios de caso, análisis de contenido y encuestas,
pero menos revisiones integradoras que sinteticen hallazgos sobre consumo cultural
juvenil mediado por influencers. Esta fragmentación dificulta identificar patrones
consistentes, variables moderadoras y tendencias emergentes. Por ello, resulta necesario
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un estudio de revisión que organice y evalúe críticamente la producción científica
existente (Jenkins et al., 2016; Livingstone & Third, 2017).
Objetivos y Preguntas de Investigación
En función del contexto y la problemática identificada, el presente artículo de revisión
tiene como objetivo general analizar de manera crítica e integradora la literatura
académica sobre la influencia de los creadores de contenido digital en el consumo cultural
juvenil, integrando enfoques teóricos, metodológicos y hallazgos empíricos. Se busca
comprender cómo operan los mecanismos de influencia, qué dimensiones del consumo
cultural son más impactadas y qué implicaciones educativas y sociales se derivan de este
fenómeno en entornos digitales (Abidin, 2018; Khamis et al., 2017).
Como objetivos específicos, se propone: identificar los marcos teóricos utilizados para
estudiar la influencia digital en jóvenes; describir los tipos de consumo cultural más
analizados; examinar los métodos de investigación predominantes; y reconocer riesgos,
oportunidades y vacíos de conocimiento. Esta aproximación responde a la necesidad de
consolidar evidencia dispersa y fortalecer el análisis crítico de la mediación cultural en
plataformas sociales (Hou, 2019; Duffy, 2017).
A partir de ello, las preguntas de investigación que orientan la revisión son: ¿cómo
conceptualiza la literatura científica el rol de los influencers en el consumo cultural
juvenil?, ¿qué efectos se han documentado en la formación de gustos y prácticas
culturales?, ¿qué factores moderan la influencia percibida?, y ¿qué desafíos regulatorios
y educativos emergen de esta relación? Estas preguntas se alinean con los debates
contemporáneos sobre cultura digital y autoridad simbólica en redes (Marwick, 2015;
Gillespie, 2018).
METODOLOGÍA
La presente investigación se desarrolló como una revisión narrativa e integradora de la
literatura, orientada a analizar la producción académica y conceptual sobre la relación
entre influencers digitales y consumo cultural juvenil. Este enfoque, ampliamente
utilizado en ciencias sociales y de la comunicación para integrar cuerpos de conocimiento
heterogéneos y de rápida evolución, permite combinar estudios empíricos recientes con
marcos teóricos consolidados que anteceden el periodo de expansión del fenómeno
influencer (Snyder, 2019).
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La búsqueda de literatura se realizó en bases de datos académicas de amplia cobertura y
reconocimiento en estudios de comunicación, cultura digital y juventud: Scopus, Web of
Science, SciELO y Redalyc, con Google Scholar utilizado exclusivamente como fuente
complementaria para ampliar la cobertura regional e iberoamericana (Mongeon & Paul-
Hus, 2016). Se combinaron descriptores en español e inglés en torno a los ejes influencers,
consumo cultural, juventud y cultura digital, entre ellos "influencers" y "consumo cultural
juvenil", "social media influencers" y "youth culture", y "creadores de contenido" y
"mediación digital". La búsqueda de literatura se realizó durante 2023. Para la literatura
empírica y de investigación reciente se priorizó, como decisión metodológica de los
autores, el periodo 2015-2023, correspondiente a la etapa de consolidación y aceleración
del fenómeno influencer en plataformas sociales. Este criterio temporal se complementa
con obras teóricas fundacionales de la sociología de la cultura, los estudios de medios y
la psicología social, publicadas con anterioridad a ese periodo, que sustentan el marco
conceptual del estudio y que se incorporan de forma explícita como antecedentes
conceptuales, diferenciados de la literatura empírica reciente.
La selección privilegió artículos científicos revisados por pares centrados en influencers,
creadores de contenido o mediación digital, así como investigaciones sobre consumo
cultural, prácticas culturales juveniles o alfabetización mediática, en español o inglés y
con acceso a texto completo. Se consideró población juvenil a personas de entre 13 y 29
años; se admitieron además estudios fuera de ese rango exacto cuando definían
explícitamente su muestra mediante las categorías adolescentes, jóvenes o adultos
jóvenes, siguiendo los rangos etarios habituales en la literatura de juventud y
comunicación digital. Los materiales se organizaron mediante un análisis temático (Braun
& Clarke, 2006), agrupando los hallazgos en siete categorías analíticas construidas de
manera inductiva a partir de la revisión preliminar: conceptualización del influencer,
plataformas y ecosistemas digitales, dimensiones del consumo cultural juvenil,
mecanismos de influencia y persuasión, impacto en identidad y construcción del gusto,
gicas comerciales y contenido patrocinado, y riesgos y oportunidades educativas. Estas
categorías guiaron la síntesis interpretativa y permitieron comparar enfoques y hallazgos
entre los distintos materiales revisados (Snyder, 2019).
La síntesis se realizó mediante un análisis temático-comparativo, sin metaanálisis
estadístico, dada la heterogeneidad de diseños, poblaciones y métricas de los materiales
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revisados. La integración de resultados se orientó a identificar convergencias,
divergencias y vacíos de investigación en el campo.
Limitaciones metodológicas
La evidencia revisada presenta predominio de estudios de caso y diseños cualitativos,
concentración geográfica en determinados contextos culturales, y escasez de
investigaciones longitudinales sobre los efectos culturales del fenómeno a largo plazo.
Estas limitaciones orientan las líneas de investigación futura señaladas en las
conclusiones.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Conceptualización del influencer digital como mediador cultural
El análisis de los estudios seleccionados muestra una evolución progresiva en la
conceptualización del influencer digital, pasando de una definición centrada en el
marketing y la promoción comercial hacia una comprensión más amplia como actor
sociocultural y mediador simbólico. En la literatura inicial, el influencer era descrito
principalmente como un usuario con alta visibilidad y capacidad de persuasión en redes
sociales, útil para estrategias de posicionamiento de marca. Sin embargo, investigaciones
más recientes lo ubican como figura de intermediación cultural que participa activamente
en la producción, interpretación y circulación de significados entre audiencias juveniles
(Abidin, 2016; Khamis et al., 2017).
Los artículos revisados coinciden en que la influencia digital no se sostiene únicamente
en el tamaño de la audiencia, sino en la calidad de la relación construida con ella. La
noción de “micro celebridad” resulta central para comprender este fenómeno, ya que
describe prácticas de autopresentación estratégica, gestión de comunidad y comunicación
constante con seguidores. Esta micro celebridad se basa en la percepción de cercanía y
accesibilidad, rasgos que fortalecen la confianza y la identificación juvenil. A diferencia
de la celebridad tradicional mediada por industrias culturales, el influencer construye
legitimidad a partir de la cotidianeidad narrada y compartida (Senft, 2013; Marwick &
boyd, 2011).
Desde los estudios culturales, varios trabajos interpretan al influencer como un curador
cultural distribuido, capaz de seleccionar, interpretar y legitimar bienes simbólicos ante
su comunidad digital. Esta función curatorial implica filtrar información, recomendar
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productos culturales y contextualizar tendencias, configurando marcos de sentido para su
audiencia. En este sentido, el influencer no solo promociona, sino que traduce
culturalmente contenidos para nichos específicos, especialmente juveniles. Este hallazgo
coincide con la idea de intermediarios culturales propuesta en la sociología de la cultura,
ahora reconfigurada en el entorno de plataformas (Bourdieu, 1984; Maguire & Matthews,
2012).
Los resultados muestran también diversidad tipológica en la conceptualización: algunos
estudios distinguen entre influencers de estilo de vida, educativos, culturales, activistas y
de entretenimiento. Esta clasificación sugiere que la influencia no es homogénea y que su
impacto en el consumo cultural juvenil varía según el campo temático. Por ejemplo, los
influencers literarios (booktubers y booktokers) inciden en hábitos de lectura, mientras
que los musicales y audiovisuales moldean repertorios de consumo mediático. La
especialización temática incrementa la percepción de experticia y autoridad simbólica
(Hou, 2019; Abidin, 2018).
Teóricamente, varios autores vinculan la figura del influencer con la economía de la
reputación y el capital social digital. La credibilidad se construye mediante consistencia
narrativa, interacción sostenida y demostración de conocimiento práctico. Este capital
reputacional se convierte en recurso de influencia cultural, especialmente entre jóvenes
que valoran la experiencia compartida y la recomendación personalizada por sobre la
comunicación institucional. La autoridad cultural se desplaza así de expertos formales
hacia creadores percibidos como pares cualificados (Freberg et al., 2011; Djafarova &
Rushworth, 2017).
Los estudios analizados también subrayan que la autenticidad es un eje central en la
conceptualización contemporánea del influencer. No obstante, la autenticidad es
entendida como una construcción performativa más que como rasgo esencial. Los
creadores desarrollan estrategias narrativas de transparencia, vulnerabilidad y
espontaneidad planificada que fortalecen el vínculo con la audiencia. Esta “autenticidad
estratégica” genera efectos de proximidad emocional que potencian la influencia en
decisiones de consumo cultural juvenil. La literatura advierte que esta autenticidad es
parte de una economía de visibilidad donde lo personal se convierte en recurso productivo
(Banet-Weiser, 2012; Duffy, 2017).
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Desde la teoría de la cultura participativa, los influencers son interpretados como nodos
de redes de creación colectiva. No operan como emisores unidireccionales, sino como
articuladores de comunidades interpretativas que comentan, recrean y redistribuyen
contenidos culturales. Esta dimensión participativa es especialmente relevante en
públicos juveniles, que responden, remezclan y co-crean tendencias culturales a partir de
la mediación del influencer. Por tanto, su rol se integra en ecologías culturales
colaborativas más amplias (Jenkins et al., 2013; Burgess & Green, 2018).
Un hallazgo recurrente en los artículos revisados es que la conceptualización del
influencer como mediador cultural permite explicar mejor su impacto en prácticas
simbólicas que los enfoques puramente mercadológicos. Cuando se lo analiza sólo como
canal publicitario, se subestima su función en la formación de gustos, identidades y
comunidades culturales juveniles. En cambio, al integrarlo en marcos de intermediación
cultural y capital simbólico, se comprende su capacidad para legitimar repertorios
culturales emergentes (Maguire & Matthews, 2012; Marwick, 2015).
La evidencia revisada indica un desplazamiento teórico de la noción de influencer como
agente promocional hacia su comprensión como actor cultural híbrido: productor de
contenido, gestor de comunidad, curador simbólico y mediador de consumo cultural
juvenil. Esta reconceptualización amplía el campo analítico y permite integrar
dimensiones identitarias, participativas y económicas en el estudio del fenómeno (Abidin,
2018; Hou, 2019).
Plataformas digitales y ecosistemas de mediación cultural juvenil
Los estudios analizados coinciden en que la influencia sobre el consumo cultural juvenil
no puede comprenderse sin considerar el papel estructurante de las plataformas digitales.
Las redes sociales no son simples canales de distribución, sino ecosistemas sociotécnicos
que organizan la visibilidad, la interacción y la circulación de contenidos culturales. Cada
plataforma (YouTube, TikTok, Instagram, Twitch) presenta lógicas de formato,
algoritmo y participación que condicionan la forma en que los influencers mediante el
consumo cultural juvenil (Gillespie, 2018; Van Dijck et al., 2018).
Los resultados muestran que YouTube ha sido históricamente la plataforma dominante
en estudios sobre influencia cultural, especialmente en comunidades de reseña y
recomendación (libros, cine, videojuegos, música). Su formato audiovisual de larga
duración favorece la argumentación, el análisis y la narrativa experiencial, lo que
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fortalece la percepción de experticia del influencer. En contraste, TikTok e Instagram
priorizan formatos breves y altamente visuales, orientados a la viralidad y la tendencia,
lo que acelera los ciclos de consumo cultural juvenil y favorece la difusión rápida de
modas simbólicas (Burgess & Green, 2018; Zulli & Zulli, 2022).
La literatura revisada destaca que los algoritmos de recomendación cumplen un rol
decisivo en la amplificación de la influencia. Estos sistemas priorizan contenidos con alto
nivel de interacción, tiempo de visualización y compartición, generando efectos de
retroalimentación positiva que incrementan la visibilidad de ciertos creadores culturales.
Como resultado, el consumo cultural juvenil se encuentra mediado por una doble
curaduría: humana (influencer) y algorítmica (plataforma). Esta combinación moldea
trayectorias de exposición cultural y puede generar burbujas de contenido (Striphas, 2015;
Gillespie, 2018).
Diversos estudios advierten que la arquitectura de plataforma influye en el tipo de relación
que se construye entre influencer y audiencia juvenil. Plataformas con alta interactividad
sincrónica, como Twitch, favorecen comunidades participativas intensas y culturas de
afinidad en tiempo real. En cambio, plataformas de contenido asincrónico permiten
construcción narrativa más elaborada y archivo cultural accesible. Estas diferencias
afectan el modo en que se recomiendan y consumen bienes culturales (Taylor, 2018;
Hamilton et al., 2014).
Desde la perspectiva de la economía de plataformas, los influencers operan dentro de
infraestructuras corporativas que condicionan la monetización y la visibilidad. Los
cambios en algoritmos, políticas de contenido y sistemas de pago impactan directamente
en qué contenidos culturales alcanzan a las audiencias juveniles. La cultura no circula en
un espacio neutral, sino en entornos regulados por intereses comerciales y métricas de
rendimiento. Esta dimensión estructural es clave para interpretar patrones de consumo
cultural mediado (Van Dijck et al., 2018; Napoli, 2019).
Los resultados también muestran una tendencia hacia la plataformización del gusto
cultural, donde las preferencias juveniles se configuran a partir de sistemas de
recomendación automatizada combinados con prescripción de influencers. La repetición
de exposiciones, listas recomendadas y tendencias destacadas contribuye a la
consolidación de repertorios culturales dominantes. No obstante, algunos estudios
señalan que también emergen nichos culturales alternativos gracias a la segmentación
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algorítmica, lo que sugiere una tensión entre homogeneización y diversificación
(Anderson, 2006; Striphas, 2015).
En el plano teórico, varios autores sostienen que las plataformas deben entenderse como
actores culturales con poder de configuración simbólica. No solo alojan contenido, sino
que modelan comportamientos culturales a través de incentivos de diseño: métricas
visibles, sistemas de recompensa, funciones de tendencia. Estos elementos influyen en
cómo los influencers producen contenido cultural y cómo los jóvenes lo consumen e
interpretan. La mediación cultural es, por tanto, sociotécnica (Gillespie, 2018; Bucher,
2018).
La evidencia sugiere que el consumo cultural juvenil mediado por influencers es
inseparable de la lógica de datos. Las plataformas recopilan información conductual que
retroalimenta recomendaciones, intensificando la personalización cultural. Esta
personalización aumenta la relevancia percibida del contenido, pero también puede
reducir la diversidad de exposición. La discusión académica plantea la necesidad de
alfabetización algorítmica para comprender estos procesos (Livingstone, 2019; Van Dijck
et al., 2018).
Dimensiones del consumo cultural juvenil mediado por influencers
La evidencia sistematizada en la presente revisión muestra que el consumo cultural
juvenil mediado por influencers constituye un fenómeno multidimensional que integra
prácticas simbólicas, identitarias, estéticas, tecnológicas y comunitarias. A diferencia de
concepciones clásicas del consumo centradas en la adquisición de bienes materiales, los
estudios contemporáneos destacan que el consumo cultural juvenil en entornos digitales
se configura como una práctica social situada, relacional y narrativizada blicamente en
plataformas sociales (García Canclini, 2001; Bennett, 2011).
Una primera dimensión identificada corresponde al consumo cultural audiovisual, que
incluye series, películas, documentales, contenidos de streaming y producciones
transmedia. Los artículos revisados evidencian que los influencers funcionan como
prescriptores culturales al seleccionar, contextualizar y valorar producciones
audiovisuales, influyendo directamente en las decisiones de visualización de audiencias
juveniles. Esta mediación se sustenta en la experiencia personal narrada, el análisis
emocional y la validación comunitaria, desplazando parcialmente a la crítica
especializada tradicional (Jenkins et al., 2013; Marwick, 2015).
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Desde una perspectiva teórica, esta práctica puede interpretarse como una
reconfiguración de la autoridad cultural en la era digital. Mientras que históricamente la
legitimación audiovisual estaba mediada por instituciones culturales, en la actualidad los
jóvenes otorgan credibilidad a figuras percibidas como pares culturalmente competentes.
Este proceso refuerza dinámicas horizontales de recomendación y consolida comunidades
interpretativas que negocian colectivamente el valor cultural de los contenidos (Bourdieu,
1984; Rehberg Sedo, 2011).
Una segunda dimensión ampliamente documentada es el consumo musical mediado por
influencers, particularmente en plataformas de video corto como TikTok e Instagram. La
literatura conceptual sobre mimesis tecnológica y públicos de imitación indica que
fragmentos musicales integrados en desafíos, relatos personales o performances estéticas
generan procesos acelerados de viralización dentro de la plataforma; la relación de este
fenómeno con los rankings de consumo en servicios de streaming ha sido señalada por
observadores del sector, pero no constituye todavía un hallazgo sistemáticamente
demostrado en la literatura académica revisada. El gusto musical juvenil se configura así
a partir de la repetición algorítmica y la prescripción social de creadores con alta
visibilidad (Burgess & Green, 2018; Zulli & Zulli, 2022).
Esta dinámica ha sido analizada desde la teoría de la cultura participativa, que subraya el
rol activo de los jóvenes como prosumidores que remezclan, reinterpretan y redistribuyen
contenidos musicales. El consumo deja de ser pasivo para convertirse en una práctica
creativa y socialmente reconocida, donde la apropiación cultural se expresa mediante la
recreación performativa (Jenkins, 2009; Jenkins et al., 2013).
Otra dimensión relevante es el consumo literario juvenil digital, mediado por
comunidades de influencers especializados como booktubers y booktokers. Evidencia
empírica directa sobre esta comunidad muestra que las recomendaciones de libros, las
prácticas de los usuarios y las características de la interfaz de Tik Tok intervienen
conjuntamente en la construcción y circulación de la comunidad BookTok, configurando
una cultura de lectura socializada en la que la plataforma media activamente cómo se
comparten y discuten lostulos (Maddox & Gill, 2023). Los antecedentes conceptuales
sobre comunidades de lectura y sobre la práctica del influencer complementan esta
evidencia: la lectura se presenta como experiencia emocional, identitaria y compartida, y
la recomendación se basa menos en criterios canónicos y más en la vivencia subjetiva, lo
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que favorece mayor identificación con las audiencias jóvenes (Abidin, 2018; Rehberg
Sedo, 2011).
Desde los estudios culturales, este fenómeno ha sido interpretado como una
resignificación de la lectura en clave de sociabilidad digital. Los jóvenes no sólo leen,
sino que comentan, reseñan y dialogan en torno a los textos, integrando la lectura en
prácticas de autoexpresión y pertenencia comunitaria. El influencer actúa como
catalizador de estas comunidades lectoras distribuidas (Bennett, 2011; Jenkins, 2009).
La moda, la estética corporal y el estilo de vida constituyen otra dimensión central del
consumo cultural juvenil mediado por influencers. La literatura destaca que los creadores
no solo promocionan prendas o marcas, sino que construyen repertorios estéticos
integrales que incluyen lenguaje visual, corporalidad, narrativa personal y valores
simbólicos. Estas estéticas funcionan como códigos de pertenencia cultural y mecanismos
de diferenciación social entre pares juveniles (Banet-Weiser, 2012; Duffy, 2017).
Teóricamente, esta dimensión se vincula con la noción de identidad performativa, donde
el consumo cultural se convierte en recurso para la construcción del yo digital. Los
jóvenes adoptan, adaptan o resisten estos modelos estéticos en función de sus trayectorias
identitarias, negociando constantemente su posicionamiento cultural en redes sociales
(Goffman, 1959; Marwick & boyd, 2011).
La cultura gamer y el consumo de videojuegos emergen como dimensión relevante del
consumo cultural juvenil. Los estudios muestran que streamers y creadores de contenido
gamer median la elección de títulos, géneros y estilos de juego, influyendo en
comunidades altamente participativas. El consumo cultural se expande hacia la
observación, el comentario y la interacción en tiempo real, configurando nuevas formas
de sociabilidad cultural (Taylor, 2018; Hamilton et al., 2014).
En conjunto, los resultados indican que el consumo cultural juvenil mediado por
influencers es un proceso híbrido, socializado y performativo, donde la experiencia
cultural se construye en red, se legitima comunitariamente y se ve condicionada por
dinámicas algorítmicas. Esta multidimensionalidad exige abordajes teóricos integradores
que superen visiones reduccionistas del consumo como acto individual o meramente
económico (García Canclini, 2001; Livingstone, 2019).
Mecanismos de influencia y persuasión en la mediación cultural digital juvenil
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La evidencia analizada en los estudios seleccionados muestra que los mecanismos de
influencia ejercidos por influencers sobre el consumo cultural juvenil no pueden
explicarse únicamente mediante los modelos clásicos de persuasión publicitaria, sino que
requieren un enfoque relacional, simbólico y sociotécnico. La influencia cultural digital
se construye mediante la combinación de credibilidad percibida, cercanía comunicativa,
coherencia narrativa y visibilidad algorítmica, configurando un ecosistema de persuasión
distribuida donde la autoridad no proviene de la institución sino de la conexión percibida
con la audiencia (Marwick & boyd, 2011; Abidin, 2018).
Uno de los ejes conceptuales más robustos para explicar este fenómeno es el de las
relaciones parasociales, entendido como el vínculo afectivo unilateral que las audiencias
desarrollan con figuras mediáticas. En entornos de redes sociales, este concepto se amplía
hacia formas de “parasocialidad interactiva”, donde la posibilidad de comentar, recibir
respuestas y observar interacciones genera una percepción de reciprocidad simbólica que
incrementa la confianza en las recomendaciones culturales (Labrecque, 2014; Horton &
Wohl, 1956). La literatura muestra que cuando los jóvenes perciben que un influencer
“responde”, “lee” o “reacciona”, se fortalece la aceptación de sus sugerencias culturales.
La teoría de la prueba social también aparece de forma consistente como mecanismo
explicativo. Los indicadores cuantitativos visibles (número de visualizaciones,
seguidores, reacciones) operan como atajos cognitivos que señalan relevancia cultural y
reducen la incertidumbre de elección. En contextos de sobreoferta cultural, estas métricas
funcionan como filtros de validación colectiva (Cialdini, 2009; Jenkins et al., 2013). Los
jóvenes interpretan la popularidad visible como señal de valor cultural, aun cuando no
exista evaluación crítica previa.
Otro mecanismo central identificado es la autenticidad performativa. Los estudios
coinciden en que la autenticidad digital no es espontánea sino estratégicamente construida
mediante estilos narrativos, exposición selectiva de intimidad y coherencia estética. Esta
autenticidad percibida incrementa la eficacia persuasiva de las recomendaciones
culturales, ya que transforma el mensaje en experiencia compartida (Banet-Weiser, 2012;
Abidin, 2018). La narrativa de “descubrimiento personal” de un libro, canción o película
resulta más influyente que la recomendación genérica.
Desde la psicología de la persuasión, varios trabajos aplican el Modelo de Probabilidad
de Elaboración, mostrando que la influencia cultural digital combina rutas centrales y
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periféricas: algunos jóvenes procesan argumentos culturales, mientras otros responden a
simpatía, estilo o identificación con el emisor (Petty & Cacioppo, 1986). Esta dualidad
explica la eficacia de formatos breves con alta carga emocional.
La congruencia identitaria entre influencer y audiencia aumenta la capacidad persuasiva.
La homofilia, entendida como percepción de similitud, incrementa la confianza y la
aceptación cultural (Marwick, 2015). Los jóvenes tienden a aceptar s fácilmente
recomendaciones de perfiles con los que comparten códigos culturales.
Múltiples autores subrayan que la persuasión está mediada por infraestructuras
algorítmicas que amplifican ciertos discursos culturales. La influencia es, por tanto,
sociotécnica: emerge de la interacción entre sujeto, plataforma y sistema de
recomendación (Gillespie, 2018; Van Dijck et al., 2018).
Impacto en identidad juvenil y construcción del gusto cultural
Los estudios revisados coinciden en que la influencia digital no solo orienta elecciones
culturales puntuales, sino que participa activamente en la construcción de identidad
juvenil. El gusto cultural, concebido como marcador simbólico, se vuelve visible, narrado
y performado en plataformas digitales, donde los jóvenes exhiben sus preferencias como
parte de su identidad pública, y los influencers funcionan como modelos de estilo que
ofrecen marcos interpretativos sobre cómo valorar y presentar productos culturales; no se
trata solo de qué se consume, sino de cómo se narra ese consumo (Bourdieu, 1984; boyd,
2014; Marwick, 2013; Senft, 2013).
Desde los estudios culturales, el gusto es socialmente construido, y en entornos digitales
esta construcción se hace observable en comunidades de seguidores donde las
preferencias se negocian públicamente y la validación comunitaria refuerza elecciones
culturales (García Canclini, 2001; Jenkins, 2006). Los jóvenes desarrollan además
prácticas de curaduría cultural digital (listas, reseñas, clips, recomendaciones) que
configuran identidad y posicionamiento simbólico, mientras los influencers proveen
repertorios y marcos de valoración que orientan esas prácticas (boyd, 2014).
La literatura advierte, sin embargo, tensiones entre diversidad y homogeneización:
aunque existe acceso amplio a contenidos, los algoritmos tienden a reforzar burbujas
culturales que limitan la exposición a repertorios distintos (Pariser, 2011). Al mismo
tiempo, emergen micro-comunidades especializadas que amplían nichos culturales y
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diversifican el gusto dentro de segmentos específicos (Abidin, 2018). El gusto cultural
juvenil en la era de los influencers resulta así, de manera simultánea, performativo,
comunitario y mediado algorítmicamente.
Lógicas comerciales, monetización y contenido patrocinado cultural
La revisión evidencia que la mediación cultural influencer está profundamente integrada
en la economía de la atención: la visibilidad se convierte en valor económico y las
recomendaciones culturales se insertan en modelos de monetización cada vez más
sofisticados (Duffy, 2017; Cunningham & Craig, 2019). El contenido patrocinado
cultural presenta, en este marco, fronteras difusas entre recomendación y publicidad; la
identificación de su carácter publicitario depende en parte de la claridad del lenguaje de
divulgación, ya que expresiones más explícitas favorecen el reconocimiento de la
intención comercial, lo que la literatura considera un desafío regulatorio pendiente (Evans
et al., 2017).
La mercantilización de la autenticidad constituye un concepto clave para entender esta
lógica comercial: la autenticidad percibida se convierte en recurso económico central de
la influencia (Banet-Weiser, 2012), aunque la sobre comercialización tiende a erosionar
la confianza de las audiencias (Abidin, 2018). A esto se suma una precariedad laboral
creadora vinculada a la dependencia de métricas y algoritmos, que impacta la estabilidad
económica de quienes ejercen la mediación cultural de manera profesional (Duffy, 2017).
Frente a este panorama, diversos autores subrayan la necesidad de regulación y
transparencia publicitaria más estrictas, particularmente para proteger a audiencias
jóvenes con menor experiencia crítica frente al contenido comercial (Livingstone &
Third, 2017).
Riesgos y oportunidades educativas y formativas
La literatura converge en que la influencia digital cultural presenta simultáneamente
riesgos y oportunidades formativas. Entre las oportunidades, emergen influencers
educativos y culturales que promueven la lectura, la ciencia y el arte, ampliando la
mediación cultural hacia contenidos de valor pedagógico (Jenkins, 2009); mediante la
alfabetización mediática crítica, se plantea que los jóvenes deben desarrollar
competencias específicas para analizar la persuasión digital y reconocer las estrategias
narrativas que la sostienen (Kellner & Share, 2007).
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Entre los riesgos identificados destacan la desinformación cultural, el consumo acrítico y
la presión aspiracional que genera la exposición constante a estilos de vida idealizados,
la cual puede afectar la autoimagen y las expectativas de los jóvenes (boyd, 2014). Frente
a ello, la educación formal puede integrar el análisis de influencers como objeto
pedagógico para fortalecer el pensamiento crítico (Livingstone, 2019), en línea con una
respuesta que la literatura recomienda no prohibitiva sino formativa: desarrollar
competencias críticas de navegación cultural digital que permitan a los jóvenes
aprovechar las oportunidades del fenómeno sin quedar expuestos de manera acrítica a sus
riesgos (Kellner & Share, 2007; Jenkins, 2009).
Tabla 1: Síntesis principales hallazgos
CATEGORÍA DE
ANÁLISIS
HALLAZGO INTEGRADOR
IMPLICACIÓN
PRINCIPAL
1.Conceptualizac
ión del influencer
digital
El influencer es descrito como
mediador cultural, curador simbólico y
micro celebridad digital, cuya
influencia se basa más en credibilidad y
cercanía que en el tamaño de audiencia;
la definición ha evolucionado desde un
enfoque mercadológico hacia uno
sociocultural, con tipologías diversas
(culturales, educativos, lifestyle,
literarios, gamers) (Senft, 2013;
Bourdieu, 1984; Marwick & boyd,
2011).
Amplía el análisis del
influencer más allá de la
publicidad; lo ubica como
actor de legitimación
cultural juvenil.
2. Plataformas y
ecosistemas
digitales
Las plataformas estructuran la
visibilidad cultural mediante
algoritmos: YouTube favorece el
análisis y la reseña, TikTok e Instagram
la viralización rápida y Twitch la
comunidad participativa en tiempo real,
en línea con la teoría de la
plataformización y la gobernanza
algorítmica (Gillespie, 2018; Van Dijck
et al., 2018).
El consumo cultural juvenil
es sociotécnico: depende
del diseño de plataforma y
de la mediación humana.
3. Dimensiones
del consumo
cultural juvenil
El consumo mediado incluye música,
audiovisual, lectura, moda, estética e
identidad gamer, con predominio de un
consumo socializado, narrado y
compartido, y aumento de comunidades
de afinidad cultural, en línea con la
noción de consumo cultural híbrido y
cultura participativa (García Canclini,
2001; Jenkins, 2006).
El gusto cultural juvenil se
construye en red y con
validación social digital.
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CATEGORÍA DE
ANÁLISIS
HALLAZGO INTEGRADOR
IMPLICACIÓN
PRINCIPAL
4. Mecanismos
de influencia y
persuasión
Credibilidad, autenticidad performativa
y relaciones parasociales son los
mecanismos más citados; la confianza
aumenta con la interacción directa y la
coherencia narrativa, y las métricas
visibles refuerzan la persuasión, en
línea con la teoría de las relaciones
parasociales y la prueba social
(Labrecque, 2014; Cialdini, 2009).
La persuasión cultural
digital es relacional y
emocional, no solo
informativa.
5. Impacto en
identidad y
construcción del
gusto
Los influencers contribuyen a la
formación de identidad cultural y
estilos de vida aspiracionales mediante
identificación aspiracional y
comunidades de gusto compartido,
aunque persisten tensiones entre
diversidad y homogeneización, en línea
con la teoría del capital cultural y la
identidad digital juvenil (Bourdieu,
1984; boyd, 2014).
El gusto cultural juvenil es
performativo y comunitario
en entornos de plataforma.
6. Lógicas
comerciales y
contenido
patrocinado
Existe alta presencia de publicidad
integrada y contenido patrocinado
cultural, con fronteras difusas entre
recomendación y promoción; la
monetización se basa en la autenticidad
percibida, y el exceso de patrocinio
reduce la credibilidad, en línea con la
mercantilización de la autenticidad y la
economía creativa precaria (Banet-
Weiser, 2012; Duffy, 2017).
Se requiere mayor
regulación y transparencia
publicitaria en contenidos
culturales.
7. Riesgos y
oportunidades
educativas
Los influencers pueden promover
prácticas culturales positivas, pero
también un consumo acrítico; la
alfabetización mediática reduce la
vulnerabilidad persuasiva, y emergen
influencers educativos como
mediadores culturales, en línea con la
alfabetización mediática crítica y la
educación digital (Kellner & Share,
2007; Livingstone, 2019).
Integrar el análisis de la
influencia digital en
educación fortalece el
pensamiento crítico
cultural.
Fuente: Elaboración propia.
CONCLUSIONES
El análisis crítico e integrador de la literatura sobre influencers y consumo cultural juvenil
permite afirmar que la mediación cultural digital constituye hoy uno de los procesos más
influyentes en la configuración de prácticas simbólicas, elecciones culturales y dinámicas
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de identidad entre jóvenes. Los influencers no operan únicamente como agentes
promocionales, digitales construidas y/o culturales que traducen, reinterpretan,
jerarquizan y legitiman contenidos dentro de ecosistemas de plataformas estructurados
por lógicas algorítmicas; su autoridad no proviene de credenciales institucionales
tradicionales, sino de formas de capital simbólico digital construidas mediante visibilidad
sostenida, coherencia narrativa y cercanía relacional con la audiencia, lo que marca un
desplazamiento de la autoridad cultural desde las instituciones clásicas hacia los actores
de plataforma.
De este análisis se desprenden tres hallazgos integradores. Primero, el consumo cultural
juvenil ha transitado de modelos predominantemente receptivos hacia formas
participativas, performativas y socializadas, donde el gusto se convierte en construcción
colectiva y visible antes que privada. Segundo, los mecanismos de persuasión que
sostienen la influencia cultural digital se apoyan principalmente en factores relacionales
y emocionales (confianza, autenticidad percibida, interacción sostenida) más que en la
autoridad formal o la calidad argumentativa aislada. Tercero, el ecosistema cultural
digital combina, de manera simultánea, procesos de homogeneización, concentrados en
un número reducido de perfiles altamente visibles, y de diversificación, impulsados por
la proliferación de micro-influencers y comunidades de nicho.
Estos hallazgos plantean tensiones estructurales con implicaciones económicas y
educativas. En el plano económico, la mediación cultural influencer está profundamente
integrada en lógicas de monetización: la autenticidad, valor central de la influencia, se ha
convertido también en recurso económico, y esta mercantilización genera una tensión en
la que la misma credibilidad que sostiene la influencia puede erosionarse cuando la
audiencia percibe sobre comercialización, en un contexto además de precariedad laboral
creadora asociada a métricas y reglas algorítmicas cambiantes. En el plano educativo, la
evidencia sugiere una conclusión equilibrada: la influencia digital en el consumo cultural
juvenil no es intrínsecamente negativa ni automáticamente positiva, y su impacto depende
de las competencias críticas, los contextos educativos y los marcos de mediación
disponibles, por lo que la respuesta social más adecuada no es restrictiva sino formativa,
centrada en fortalecer la alfabetización mediática crítica.
Como se detalla en las limitaciones metodológicas de este trabajo, la literatura revisada
presenta predominio de estudios de caso, concentración geogfica en determinados
contextos y escasez de investigaciones longitudinales sobre los efectos culturales del
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fenómeno a largo plazo, lo que invita a interpretar estos hallazgos como patrones
consistentes en la literatura disponible antes que como resultados generalizables a
cualquier contexto juvenil.
Como proyección futura, se sugieren neas de investigación prioritarias: el análisis del
impacto cultural diferenciado por grupos socioeconómicos, estudios sobre algoritmos y
diversidad cultural, la evaluación de programas de alfabetización mediática frente a la
influencia digital, y la exploración de influencers culturales en contextos no occidentales,
incluyendo la relación entre mediación influencer y producción cultural local en regiones
latinoamericanas. En conjunto, puede concluirse que los influencers se han consolidado
como actores centrales en la ecología cultural juvenil contemporánea, cuyo papel como
mediadores simbólicos y legitimadores culturales redefine los circuitos de circulación del
gusto, la identidad y el valor cultural, y cuya comprensión requiere enfoques
interdisciplinarios que integren comunicación, sociología, estudios culturales, economía
digital y educación.
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